Johnson & johnson desafía la volatilidad: 63 años repartiendo dividendos y un futuro de 100 mil millones
Las bolsas dan tumbos, el petróleo dispara su cotización y las guerras comerciales y las que no lo son desconciertan a los analistas. Mientras el S&P 500 se pregunta cuánto más puede caer, Johnson & Johnsonacaba de anunciar que este año facturará 100 000 millones de dólares por segunda vez en la historia de la industria biofarmacéutica. La cifra no es un guiño al optimismo: es la constatación de que hay negocios que no entienden de ciclos.
El club de los reyes del dividendo
Formar parte del selecto grupo de los Dividend Kings exige haber subido el dividendo durante 50 ejercicios consecutivos. Johnson & Johnson lleva 63. Solo American States Water y Northwest Natural Gas superan esa racha, pero ninguna de ellas vende vacunas, implantes o robots quirúrgicos. La marca de New Brunswick ha convertido el reparto anual en un acto de fe que los gestores de fondos de ingresos utilizan como colchón contra la inflación y los vaivenes de la Fed.
El truco no está en la nostalgia. La compañía acaba de sortear el acantilado de patentes de Stelara, su inmunosupresor estrella, gracias a un portafolio de 14 fármacos que superan el millardo de ingresos anuales. A la vez, su división de dispositivos médicos acaba de pedir la autorización para Ottava, su sistema robótico de cirugía asistida que entrará a competir en un nicho donde Intuitive Surgical lleva años sin rival serio. La diversificación es tan amplia que los analistas de Morgan Stanley la describen como un fondo indexado de salud con cuenta de resultados propia.
La triple A de S&P Global —máxima nota crediticia— permite a la deuda de J&J cotizar con prima. Cuando los bonos del Tesoro rondan el 4 %, un dividendo al 2,14 % con 63 anualizaciones seguidas suena a certeza. Lo que nadie menciona es que el margen bruto se sitúa en el 67,97 %: hay espacio para que los precios regulados bajen y el accionista siga cobrando.

El valor refugio que no aparece en los titulares
Los inversores buscan cobijo en utilities y en oro, pero ignoran que los talcos, las lentillas y los anestésicos de Johnson & Johnson se compran igual en recesión que en expansión. La compañía factura más en Asia que hace una década y duplica ventas en oncología, el área que más crece dentro de la farmacia global. El mercado lo premia con un P/E de 17, por debajo de la media del sector, como si aún no hubiera asimilado que el crecimiento no depende de un solo fármaco.
Wall Street recorta pronósticos en semanas rojas; Johnson & Johnson eleva guías. La última fue en abril: ventas anuales entre 99 700 y 100 200 millones. La dirección no habla de «posible» ni de «si las condiciones lo permiten». Habla de certeza. Mientras los bancos centrales debaten si la próxima subida es de 25 o 50 puntos base, la farmacéutica ya cerró el primer trimestre con 5 700 millones de flujo operativo. El mensaje es claro: pueden venir crisis, recesiones o desaceleraciones; sus clientes seguirán naciendo, envejeciendo y necesitando parches, prótesis y pastillas.
El dividendo de este año sumará 4,95 $ por acción. Quien comprara hace diez años habrá recuperado ya el 40 % de la inversión solo en cobros. La volatilidad seguirá presente, pero los gestores de cartera saben que hay pocas cosas tan reconfortantes como ver un ingreso fijo cada 15 de marzo, junio, septiembre y diciembre mientras el resto del mercado revisa sus modelos de stress test. Johnson & Johnson no promete volver a subir 63 veces más; simplemente lleva seis décadas demostrando que no sabe hacer otra cosa.