Johnson & johnson eleva su dividendo 63 años seguidos: la máquina que no falla
Johnson & Johnson acaba de anunciar el incremento número 63 consecutivo de su dividendo y, mientras el resto del mercado se tambalea, la gran farmacéutica sigue imprimiendo billetes con la misma precisión de un reloj suizo. El reparto sube cinco centavos, hasta 1,30 dólares por acción cada trimestre, lo que deja el rendimiento anual en 2,14 % y la ratio de pago en 46,7 %: espacio de sobra para seguir subiendo sin estrujar la caja.
El flujo de caja que calla a los escépticos
La compañía cerró 2025 con 19.700 millones de dólares en flujo libre: suficiente para pagar 12.400 millones en dividendos y aún sobraron 7.000 millones para seguir comprando activos y alimentar la investigación. El negocio de medicamentos innovadores ya roza los 60.000 millones y trece marcas crecieron a doble dígito el año pasado. Mientras Pfizer se ahoga con una ratio de pago del 118 % y Merck apenas suma quince años de aumentos seguidos, Johnson & Johnson mantiene 28 plataformas que generan más de mil millones cada una. Patentes que caducan y litigios que acechan, sí, pero la diversificación absorbe los golpes sin despeinarse.
El accionista que entró hace una década ha duplicado el cobro por dividendo sin mover un solo papel. El secreto no es la euforia del crecimiento, sino la constancia del cash: ingresos predecibles, gasto controlado y un balance que respira. La deuda neta ronda los 28.000 millones, pero la tesorería supera los 20.000 y el negocio genera caja aun cuando la economía tose.

Por qué importa hoy
Con la inflación dando tumbos y los tipos sin rumbo fijo, los inversores buscan activos que paguen y no mientan. Johnson & Johnson entrega lo que promete: la próxima revisión del dividendo se oficializa el 14 de abril, cuando presente resultados del primer trimestre. La acción cotiza a 22 veces beneficios, un premio razonable para una empresa que ha subido el dividendo incluso en las peores crisis sanitarias y económicas de los últimos sesenta años.
Quien la compra no busca un golpe de suerte; busca dormir tranquilo. Y en un mercado donde hasta los bonos del Tesoro se vuelven volátiles, la tranquilidad se paga, se valora y, sobre todo, se cobra.