Jpmorgan desata $80.000 millones para salvar el sueño americano

Wall Street acaba de sacar la chequera más gorda del año: JPMorgan Chase prometió 80.000 millones de dólares en préstamos a pequeñas empresas durante la próxima década, una cifra que duplica el PIB anual de Paraguay y que, según el banco, debe devolverle al trabajador medio la sensación de que el “sueño americano” no es un souvenir para millonarios.

Dimon carga contra la desigualdad desde su oficina de manhattan

Jamie Dimon, el hombre que controla más activos que la Reserva Federal de Brasil, firmó el comunicado con tono de capitán que avisa que el barco se hunde por un lado. “El sueño americano sigue vivo, pero se escapa de las manos de muchos”, lanzó, como si la frase fuera un gancho de campaña electoral. Detrás del drama, la cuenta: pasar de 7 millones a 10 millones de pymes en su cartera y contratar 1.000 nuevos banqueros que recorrerán sus 5.000 sucursales como misioneros del crédito.

La jugada no es filantropía. Es un hedge a largo plazo contra la ira social que ya incendió locales en Philadelphia y vació tiendas en Los Angeles, dos de las cinco ciudades donde el banco concentrará el primer chorro de dinero. Allí, los consultores de Chase duplicarán su plantilla hasta 150 veteranos que, a cambio de un salario de seis cifras, enseñarán a un tendero de Atlanta cómo sortear la tasa del 9 % que el mismo banco le aplicó el año pasado.

Educación financiera para 5 millones de personas

Educación financiera para 5 millones de personas

El anuncio llega semanas después de que JPMorgan desvelara otro paquete de 1,5 billones de dólares para infraestructura y manufactura, una cifra que ya parece de Monopoly. Entre ambos programas, el banco se garantiza un flujo de clientes cautivos: el tendero que reciba el microcrédito hoy será el cliente de cuenta corriente mañana y el titular de hipoteca pasado. La educación financiera —ese mantra que repiten los gigantes cuando Washington les aprieta— promete alcanzar a 5 millones de personas, ocho veces más que los últimos cinco años. Traducción: un ejército de futuros deudores que aprenderán a sumar intereses antes que votos.

En Alabama, donde el banco lleva medio siglo pero apenas tiene 12 sucursales, la operación es una invasión. Planean triplicar la red hasta 35 oficinas y abrir su primer Community Center en un estado que, paradójicamente, cerró 40 % de sus bancos rurales desde 2008. El mensaje es claro: si la Administración no llega al condado de DeKalb, llegará Chase con un stand de café gratis y un folleto sobre “coaching para emprendedores”.

La ironía es dura. El mismo banco que pagó 290 millones en multas por manipular el mercado de metales preciosos ahora imparte lecciones de “salud financiera”. Pero en la economía real, el que paga las facturas es el que firma al final. Y Dimon lo sabe: si el trabajador de Foley (Alabama) consigue mantener abierta su carnicería, JPMorgan habrá comprado, además de un cliente, la narrativa de que el capitalismo puede regenerarse sin legislar. El precio: 80.000 millones que, en el mejor de los casos, devolverán otro tanto en intereses. El sueño americano, al contado y a plazos.