La fiebre por la ia empieza a dar síntomas de agotamiento

SoundHound se desploma un 75 % desde máximos. Nvidia cede 17 % en semanas. El ETF de los Magnificent Seven roza el 20 % de caída. No es la explosión definitiva, pero el olor a pólvora ya impregna los parqués. Y ese olor huele exactamente igual que en 2000.

El guion es viejo: una tecnología promete reescribir el mundo, los inversores se lanzan en manada, los precios se dislocan y, tarde o temprano, la realidad devora la fantasía. Internet también era el futuro. Y, sin embargo, el Nasdaq-100 se despidió del 82 % de su valor entre 2000 y 2002. Tardó quince años en recuperar niveles. ¿Alguien cree que la IA va a ser la excepción?

La burbuja que ya crujía en marzo

En enero, cuando el conflicto en Oriente Medio empezó a encarecer el barril, los primeros en saltar del barco fueron los nombres más frágiles. SoundHound, C3.ai, paladines de la inteligencia artificial de nicho, se desplomaron antes que nadie. El mensaje es brutal: cuando el aire se enrarece, los titulares sin beneficios son los primeros en tocar suelo.

Los Magnificent Seven —Apple, Microsoft, Alphabet, Amazon, Meta, Tesla y Nvidia— resistieron mejor, pero ya no blindan. El ETF que los agrupa perdió más de un quinto de valor en intradiario. No es la debacle, sí el aviso: la liquidez se restringe, los márgenes se comprimen y los múltiplos que justificaban “crecimiento infinito” empiezan a parecer una boutade.

Los tulipanes del siglo xxi visten de silicona

Los tulipanes del siglo xxi visten de silicona

La historia no se repite, pero riman. En 1637 fue un bulbo. En 2025 es un chip H100. En ambos casos el activo subyacente existe, tiene utilidad y transformará industrias. Pero no al precio que pagamos ayer. La diferencia es que ahora la caída puede ser más rápida: los algoritmos que compran y venden en nanosegundos no contemplan la nostalgia.

El peligro inmediato no es tecnológico, es macro. Energía más cara, fertilizantes escasos, alimentos encarecidos y una guerra que no cierra el grifo. La recesión deja de ser un escenario de riesgo para convertirse en la base del consenso entre gestores. Y en recesión, las acciones con PER de 70 veces se convierten en anclas.

¿Qué hacer? Vender todo sería una temeridad; ignorar los síntomas, una imprudencia. La regla del juego ahora es la supervivencia: revisar apalancamientos, recortar posiciones sin flujo de caja y, sobre todo, recordar que ni siquiera la revolución más épica está exenta de ciclo económico. La IA llegó para quedarse; los precios actuales, no.