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La stablecoin que más gira gana: usdc duplica la velocidad y obliga a recalcular la meta de 2 billones

Las stablecoins ahora corren. Cambian de manos seis veces por mes, el doble que hace dos años, y esa aceleración ha forzado a Standard Chartered a retocar sus propios modelos. El banco mantiene el US$2 billones que prevé para 2028, pero confiesa que la velocidad —ese dato que antes miraba de reojo— se ha vuelto el termómetro clave.

La ruptura silenciosa de usdc

El salto no viene de Tether. USDT sigue siendo el colchón de ahorro en mercados emergentes: se compra, se guarda, se olvida. En cambio, USDC —el token de Circle— empezó a desengancharse a mediados de 2024. La razón: reemplazar la infraestructura bancaria para pagos B2B, remesas y, desde octubre, micropagos entre agentes de IA en Solana y Base gracias al protocolo x402 de Coinbase.

El efecto fue un pico de velocidad que ya se atenúa, pero deja una huella: USDC se usa para mover, no para guardar. Eso obliga a replantearse la lógica clásica: si cada moneda da más vueltas, hacen falta menos monedas para el mismo volumen. Sin embargo, el banco se agarra a su cifra redonda: los nuevos casos de uso —pago de IA, liquidación instantánea de valores, envío de remesas— añaden transacciones sin robarle espacio al ahorro tradicional.

Por qué 2028 sigue siendo el año clave

Por qué 2028 sigue siendo el año clave

Geoff Kendrick, jefe global de investigación de activos digitales en Standard Chartered, no baja el guante: “El mercado llegará a 2 billones, pero la velocidad ya no es una constante que podemos obviar”. Traducido: el modelo anterior asumía que una stablecoin dormía en la billetera; ahora puede pasar por diez servicios en una tarde.

La divergencia entre USDT y USDC se ha cristalizado: uno es depósito, el otro es cable. El GENIUS Act, aprobado el verano pasado, legitimó la fiebre y abrió la puerta a bancos y plataformas que antes miraban de lejos. Resultado: USDC ya representa el 25 % del mercado y su velocidad sigue escalando mientras la de USDT permanece plana.

Stanley Druckenmiller, que rara vez alaba instrumentos sintéticos, ha cargado la suerte: ve en las stablecoins el ducto de liquidez que el dólar necesita para seguir siendo el activo global por excelencia. Su voto de confianza alimenta la apuesta de Standard Chartered: si el dinero institucional se sube al tren, 2 billones puede parecer, incluso, conservador.