Las stablecoins se multiplican por seis y amenazan con devorar al dólar tradicional
La velocidad de las stablecoins se ha duplicado en 24 meses. Ahora cambian de mano seis veces al mes. El motivo: ya no solo sirven para esquivar la volatilidad del bitcoin; se han colado en la nómina de empresas, en el pago de la compra y, muy pronto, en la cartera de inteligencia artificial que compra datos por microsegundos. Standard Chartered calcula que, si la tendencia se sostiene, el mercado estallará hasta los 2 billones de dólares en 2028. Hoy ronda los 315 500 millones.
El genieus act acelera la fuga de los bancos hacia la cadena
Firmado por Trump en 2024, el Genieus Act eliminó el lastre regulatorio que mantenía a los bancos a distancia prudencial del blockchain. Desde entonces, JPMorgan, Santander y hasta la reservada Bank of New York Mellon han anunciado proyectos de stablecoin propia. No buscan gloria cripto; buscan liquidez las 24 horas, liquidación instantánea y comisiones cercanas a cero. Para ellos, la cadena es la nueva autopista interbancaria y el dólar tokenizado, el carril de alta velocidad.
Geoff Kendrick, jefe global de investigación de activos digitales en Standard Chartered, avisa: «La velocidad puede ser nuestra enemiga si no aparecen nuevos casos de uso que absorban ese flujo». Traducción: si las stablecoins solo sirven para correr más, pero no para hacer más, la propia eficiencia podría frenar la expansión del mercado. De momento, la IA y los pagos transfronterizos de comercio electrónico están ahí para evitar el choque.

El sur global descubre la stablecoin como escudo
En Nigeria, Argentina y Turquía, los usuarios no especulan; protegen. Compran stablecoins con la misma lógica con la que sus abuelos compraban dólares billete bajo el colchón, solo que ahora lo hacen desde una app y en 30 segundos. Para ellos, la volatilidad de su moneda local es la tormenta; la stablecoin, el paraguas. Esa demanda real, alimentada por la desconfianza institucional, ya representa más del 40 % del volumen mensual de Tether y USDC.
El banco británico subraya que el 60 % de las transacciones actuales ya no nacen en exchanges de criptomonedas, sino en wallets de usuarios finales que pagan servicios, remesas o simplemente ahorran. La frontera entre DeFi y vida cotidiana se desvanece.

El riesgo que no aparece en el informe
Nadie menciona la concentración: Tether sigue controlando el 70 % del suministro. Un fallo regulatorio, una congelación de fondos o un desajuste en la auditoría de reservas podría desencadenar un shock de liquidez global en menos de una hora. Mientras los bancos celebran sus propias stablecoins, siguen dependiendo de los mismos nodos que ya dominan el mercado. La descentralización sigue siendo un eslogan pegado a un contrato inteligente.
La próxima carrera ya no es por emisión; es por utilidad. Quien convierta la velocidad en productividad —pagar impuestos, salarios o dividendos con un token que no cueste 0,1 %— se quedará con el pastel. El resto observará cómo el dinero, literalmente, se les escapa entre los bits.