Los 72 000 millones que se escapan: así se cuece la siguiente revolución tras la ia

La carrera de la inteligencia artificial aún no ha cruzado la meta y ya hay una nueva puja en la mesa de los inversores: la computación cuántica. McKinsey adelanta que en 2035 el pastel alcanzará los 72 000 millones de dólares anuales. El problema: si esperas a 2030 para entrar, los múltiplos estarán en órbita y la ventana se habrá cerrado de golpe.

El punto de inflexión antes de la vaca sagrada

La industria da por hecho que los chips cuánticos no sustituirán a los procesadores actuales; se integrarán. Los centros de datos que hoy entrenan modelos de IA añadirán racks de qubits para resolver optimizaciones que ni la mejor GPU puede masticar: rutas logísticas, análisis estadísticos y modelos climáticos que ahora tardan días se resolverán en minutos. El ahorro en coste computacional se traduce en margen bruto; de ahí que los 72 000 millones no sean una fantasía, sino la cuenta que las grandes consultoras pasan a sus clientes.

La paradoja es que el momento de menor riesgo perceptual —cuando el software cuántico esté estandarizado— coincidirá con el de menor rentabilidad. Por eso los fondos de silicon Valley ya han empezado a colocar entre un 1 % y un 3 % de sus carteras en nombres que aún suenan a start-up de garaje. La lógica es simple: si la apuesta falla, la pérdida es un redondeo; si acierta, compensa todos los sinsabores del índice NASDAQ.

Ionq y d-wave: dos apuestas, una misma moneda

Ionq y d-wave: dos apuestas, una misma moneda

En la lista corta de candidatos hay dos firmas que no vienen a cuento de grandes tecnológicas. IonQ atrapa iones individuales con láseres y ya ostenta el récord mundial de precisión en un ordenador cuántico. Su facturación acaba de multiplicarse por cinco en doce meses y la capitalización roza los 10 000 millones. La cotización, eso sí, viaja a 27 dólares tras caer un 50 % desde máximos; volatilidad que espanta al inversor conservador y atrae al que sabe leer entre líneas.

D-Wave Quantum opta por el camino menos fotogénico: la computación cuántica de anillado, útil solo para optimización, pero capaz de devolver resultados hoy, no dentro de cinco años. Su margen bruto del 82 % demuestra que hay negocio real más allá del PowerPoint. Con un valor bursátil de 5 100 millones, la empresa canadiense se ha convertido en la apuesta de los gestores que prefieren flujo de caja a promesas de grandeza.

¿Grandes tecnológicas? Nvidia, Alphabet y Microsoft ya meten capex en qubits, pero su peso en el ebitda es una línea de pie de página. Si buscas exposición pura, lo encontrarás en los nombres pequeños, con la tarifa de un viaje en primera fila que puede acabar en aterrizaje forzoso o en despegue orbital.

El calendario es inflexible: la viabilidad comercial se previa para 2030, pero los repartos de liquidez se están cerrando ahora. Los早期 inversores —ese adjetivo se escribe en inglés en los term sheets— no esperarán a que el mainstream entienda qué es un qubit. Para cuando lo entienda, la revalorización ya habrá pasado de moda.