Los baby boomers derrochan más que los millennials: la generación ahorradora tira la comida y juega al loto
La generación que sermoneó durante décadas sobre «cafés de cinco dólares» acumula despilfarros que ya pesan en su jubilación. Tirar la comida, dejar la luz prendida, comprar la marca de siempre y soñar con el Gordo son cuatro fugas que, según el último sondeo de Motley Fool, aparecen con más frecuencia entre los mayores de 62 años que entre los veinteañeros.
El dato duele: los precios de la electricidad subieron un 6,3 % en doce meses y el gas casi un 10 %. Cada bandeja de lentejas que acaba en la basura o cada bombilla que se olvida apagada es, ahora, más caro. Y el dinero que se escapa no va a un viaje ni a un capricho; se va sin pena ni gloria.
La mitad vive al límite
La imagen del boomer forrado es un espejismo. El 10 % más rico se queda con el 71 % de la riqueza del grupo, según Pew Research. Vanguard avisa: solo cuatro de cada diez tienen ahorros suficientes para mantener el nivel de vida cuando dejen de trabajar. Un tercio ya ha tocado su fondo de emergencia este año y otro 16 % ni siquiera lo tiene.
Mientras, la deuda tarjeta sigue creciendo: el balance medio de los boomers supera al de los zoomers y roza al de los Gen X. La diferencia es que los intereses se comen una pensión que ya llega justa.

El loto como religión
El hábito que más duele en el alma contable es el cupón semanal. Comprar ilusión cuesta, de media, 600 dólares al año por persona. Multiplíquese por los 70 millones de boomers estadounidenses. El resultado es un pastón que ni siquiera deja dopamina: los mismos estudios muestran que el placer dura menos que un suspiro y la frustración se repite cada martes y viernes.
La lista sigue: suscripciones a canales que nadie ve, seguros de Medicare mal comparados, reformas en casa pagadas con el 401(k) y transferencias a los hijos que nunca terminan de emanciparse. El gasto generoso devora el colchón que debería servir para respirar.
Receta de urgencia: apagar y callar
El antídoto no pasa por dejar de vivir, sino por dejar de tirar. Anota cada centavo durante treinta días: la mitad de los entrevistados descubre suscripciones olvidadas. Planifica la compra semanal y congela lo que no se vaya a comer en 48 horas. Cambia la marca blanca: el ahorro anual puede llegar a 1.200 dólares por hogar. Y, por favor, apaga la luz cuando salgas: el aire acondicionado de una casa vacía cuesta más que una entrada al cine.
La jubilación no es un lugar donde se va de vacaciones; es un país caro que exige pasaporte de números. Los boomers que aún pueden corregir rumbo tienen una ventana pequeña: cada dólar que deje de escaparse hoy será siete dentro de diez años. El resto, tarde o temprano, dejará de comprar lotería porque el dinero se habrá acabado. Y ahí sí que no hay premio de consolación.