Los fondos de crédito privado sufren su peor febrero desde 2022
El crédito privado está sangrando. Los fondos minoristas más grandes del mercado, incluyendo los de Blue Owl Capital y HPS Investment Partners —el brazo de BlackRock—, registraron en febrero sus peores resultados desde 2022, un año que nadie en este sector recuerda con cariño. No es un tropiezo aislado: es la señal de que algo más profundo está moviéndose bajo la superficie de un mercado que mueve 1,8 billones de dólares.
Las cifras que nadie quiere ver en su pantalla
El Blue Owl Credit Income Corp., un fondo no cotizado de desarrollo empresarial con 35.000 millones de dólares bajo gestión, perdió un 0,86% en febrero según los cálculos de Bloomberg sobre sus registros regulatorios. El HPS Corporate Lending Fund, con 26.000 millones, retrocedió un 0,3% en el mismo período. Para ambos, el peor mes en más de tres años. Y eso no es casualidad: el mercado de préstamos apalancados también vivió su mayor caída mensual desde aquel fatídico 2022.
Lo que hace más llamativa la situación es la divergencia que se abre entre los grandes jugadores cuando se mira el acumulado del año. Blue Owl encadena su peor arranque desde que comenzó a invertir en 2021, con una pérdida del 0,75%. HPS, en cambio, es una rareza en este entorno: todavía está en positivo en 2026, con un retorno del 0,51%. Apollo Debt Solutions también aguanta, con una ganancia del 0,39%. Los representantes de las tres gestoras declinaron hacer comentarios.

Por qué los inversores están saliendo en estampida
El problema no viene solo de los mercados. Los inversores llevan meses retirando capital de estos fondos a un ritmo que empieza a incomodar a los gestores. El motivo: dudas crecientes sobre la calidad de los préstamos y, especialmente, sobre la exposición a empresas de software que podrían quedar obsoletas por el avance de la inteligencia artificial. Una amenaza que hace dos años sonaba a ciencia ficción y hoy aparece en los informes de riesgo de los analistas más serios de Wall Street.
La respuesta de los gestores ha sido dispar. Algunos han ido más allá de sus límites habituales para atender las solicitudes de reembolso, pagando más del 5% de las participaciones. Otros se han aferrado a sus techos. En el caso de Blue Owl, los inversores pidieron —y cobraron— el 5,2% de las acciones del fondo solo en el último trimestre. La oferta de recompra del trimestre actual cierra la semana que viene.
Posicionamiento defensivo con un coste real
Hay una explicación técnica detrás de parte de estas pérdidas. Cuando los fondos de crédito privado se vuelven más conservadores y aumentan su exposición al mercado de préstamos sindicados —más líquido pero también menos rentable—, los retornos caen. Jeffrey Griffiths, responsable global de crédito privado en Campbell Lutyens, lo dice sin rodeos: ese tipo de préstamos son inversiones de menor rendimiento, y el efecto en los resultados se nota.
Lo que viene a continuación podría ser peor. El propio Griffiths anticipa que los gestores empezarán a ajustar a la baja la valoración de sus activos, lo que arrastrará los retornos globales hacia abajo. Corry Short, estratega de Barclays, añade que los fondos podrían seguir sufriendo presión sobre las distribuciones a accionistas, incluso aunque el mercado de préstamos apalancados haya rebotado en marzo con un 0,69% de retorno hasta la fecha.
La comparación con el índice de referencia todavía favorece a los grandes fondos: el S&P UBS Leveraged Loan Index acumula un -1,08% en lo que va de año, peor que cualquiera de los fondos mencionados. Pero en un mercado donde la narrativa importa tanto como los números, registrar el peor febrero en tres años justo cuando los inversores minoristas están mirando la puerta de salida no es el momento que ningún gestor elegiría para aparecer en los titulares.
