Merck desembolsa 6.700 m$ para tragarse a terns y blindar su filón oncológico
Merck & Co. ha dicho basta. La farmacéutica estadounidense acaba de sacar el talonario y pagará 53 dólares por cada acción de Terns Pharmaceuticals, una operación que se eleva hasta los 6.700 millones de dólares en efectivo. La cifra, nada desdeñable, representa un premio del 31 % sobre la media de cotización de los últimos 60 días y del 42 % sobre los últimos 90. Traducción: Merck no ha venido a regatear; ha venido a cerrar el chollo cuanto antes.
El objetivo es TERN-701, un fármaco en fase II que promete convertirse en el mejor tratamiento oral para la leucemia mieloide crónica. Robert M. Davis, consejero delegado de Merck, no lo duda: «La molécula refuerza nuestra posición en hematología y nos abre la puerta a liderar un segmento que hasta ahora apenas habíamos tocado». Con esta compra, la compañía se asegura un candidato «best-in-class» sin tener que sudar años de ensayos clínicos propios.
El precio neto y la guerra de cash
Tras restar el efectivo que ya guarda Terns en sus arcas, la factura neta para Merck se queda en 5.700 millones. Una cifra manejable para un gigante que cerró 2025 con más de 11.000 millones de free cash flow y que, además, reparte dividendo cada trimestre sin fallar desde 1970. En otras palabras: la operación no le supondrá apretar el cinturón; simplemente moverá un pequeño porcentaje del montón de liquidez que ya tiene debajo del colchón.
Lo que sí cambia es el mapa de terapias oncológicas de Merck. Hasta ahora, la estrella era Keytruda, el anticuerpo que factura más de 25.000 millones al año. Pero Keytruda pierde protección de patente en 2028. Añadir TERN-701 al portafolio es, en la jerga de los analistas, una «amortización de cliff» suave: sustituir próximas caídas de ingresos con nuevos activos de alto precio y demanda garantizada.

El mensaje silencioso para los inversores
Wall Street ha recibido la noticia con un leve ascenso del 1,4 % en las acciones de Merck en premercado. Nada estruendoso, pero suficiente para recordar que el valor cotiza a apenas 13 veces sus beneficios estimados de 2026, un múltiplo tirado para una Big Pharma que crece a doble dígito. La moraleja: cuando los mercados regalan peras, Merck no pide manzanas; directamente compra el árbol.
La transacción está sujeta a la habitual aprobación regulatoria y debería cerrar en el segundo semestre. Mientras tanto, los accionistas de Terns ya saben que su viaje en solitario termina con un cheque de 53 dólares por título. Y Merck, que no ha dejado de aumentar dividendo desde la crisis de 2008, suma un nuevo activo que, si los ensayos confirman lo que prometen, podrá etiquetar con precio de cinco cifras por tratamiento anual.
La guerra por la supervivencia en oncología se juega ahora en las moléculas pequeñas y en la velocidad del bolsillo. Merck acaba de demostrar que tiene de sobra las dos cosas.