Meta se desploma 30%: juicios, despidos y una factura de ia que espanta al mercado
Meta aterriza en la zona de turbulencia extrema. La acción se aleja 30% de su techo anual y borra más de 100.000 millones de valor bursátil en cuestión de semanas. Lo que antes parecía un simple castigo técnico se ha convertido en un vendaval judicial y estratégico que ha puesto a los inversores en modo pánico selectivo.
Los tribunales abren la caja de pandora
Un jurado en Los Angeles sentenció que el diseño adictivo de Facebook y Instagram tiene un precio; otro juez en Nuevo México suma 375 millones por fallos en protección infantil. Las multas, ridículas para una empresa que facturó 200.100 millones en 2025, no son el problema: el verdadero miedo es que estas sentencias actúen como precedente para miles de demandas colectivas que aparecerán en los próximos meses. El 26 de marzo la acción se dejó un 8% en el parquet y ya acumula un -21% en lo que va de año, el doble de sangre que el Nasdaq.
Mientras los abogados facturan horas, la plantilla se estrecha. Meta confirmó un recorte de entre 700 y 1.000 empleados, una cifra que suena a ajuste cosmético cuando se descubre que los paquetes de compensación para la cúpula se miden en decenas de millones. El contraste enciende las redes y aviva la percepción de que la compañía atraviesa una crisis de credibilidad interna.

El talón de hierro de la carrera por la ia
A la vorágne legal se une una factura tecnológica que ya roza lo escandaloso. Meta prepara un desembolso de entre 162.000 y 169.000 millones en 2026 para alimentar sus ambiciones de inteligencia artificial. Solo el nuevo centro de datos en Texas podría tragarse 10.000 millones. La guerra por el talento lleva a la firma a ofrecer paquetes millonarios a ingenieros especializados en chips, mientras Microsoft, Alphabet y Amazon acechan el mismo botín humano.
El agujero de Realidad Labs ilustra el dilema: el brazo 'metaverso' perdió 19.100 millones operativos en 2025 y la previsión es repetir la huida de dinero en 2026. La Family of Apps, con 3.500 millones de usuarios diarios, sigue siendo la vaca lechera que lo aguanta todo: ingresó 198.700 millones, un 22,4% más que el año anterior. La moraleja es clara: el modelo publicitario sigue vivo, pero el margen se estrecha a medida que los costes de grafenas y GPUs se multiplican.
La contradicción se palpa en las mesas de trading. El consenso de 56 analistas aún dibuja un 'Strong Buy' con un precio objetivo medio de 864 dólares, 65% por encima de la cotización actual. El más optimista se atreve con 1.144 dólares, lo que implica un potencial de 118%. La pregunta que carcome el puño de los fondos es si Meta será capaz de traducir las enormes inversiones en flujo de caja sostenible antes de que la marea legal y la competencia por la IA le coman el terreno.
En la trinchera de los inversores, la lógica a corto plazo grita cautela. El flujo de caja libre de 43.600 millones y un ratio de deuda sobre patrimonio del 0,27 ofrecen colchón, pero no escudo contra una tormenta de reputación y regulación. Comprar ahora es apostar a que Zuckerberg logre domesticar la IA antes de que los tribunales domesticen su alcance de negocio. Vender es rendirse al miedo. Mantener, en el fondo, es aceptar que la historia de Meta siempre ha sido una ruleta de altibajos que acaba pagando a quienes aguantan el mareo.
La partida está servida: 162.000 millones de apuesta, 3.500 millones de usuarios y un ejército de abogados a la espera. La bolsa ya ha elegido su primera víctima: la confianza. Ahora le toca a la compañía demostrar si la factura de la inteligencia artificial acabará traduciéndose en ingresos o en una lección de cómo convertirse en el caso de estudio que nadie quiere repetir.
