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Micron desafía a nvidia y se convierte en el nuevo rey del almacenamiento ia

Mientras Nvidia sigue en el podio de la bolsa, otro nombre roza el cielo: Micron ha triplicado su cotización en doce meses y acaba de regalar un descuento del 10 % que huele a oportunidad de oro.

La memoria que alimenta a los chips de inteligencia artificial

La memoria que alimenta a los chips de inteligencia artificial

El secreto está en los módulos HBM (high-bandwidth memory), el combustible que necesitan los procesadores gráficos para no quedarse ahogados en datos. Micron solo puede servir entre la mitad y dos tercios de lo que le piden. Lo dijeron sus directivos en la última teleconferencia: hasta 2027 no habrá alivio. La escasez ya es crónica y el mercado crecerá de 35 000 a 100 000 millones de dólares en tres años.

El miedo llegó la semana pasada. Google presentó TurboQuant, un algoritmo que reduce seis veces la demanda de memoria en parte del modelo. La acción se desplomó 35 dólares en un suspiro. Pero hay un detalle: el ahorro se produce en una sola fase del pipeline. Si los desarrolladores ya no sufren por falta de RAM, lanzarán modelos más grandes y complejos… que seguirán necesitando HBM. La pieza clave sigue siendo la misma.

La cuenta de resultados lo confirma. Micron cerrará el próximo trimestre con 33 500 millones de ingresos, frente a 13 600 hace apenas dos ejercicios. El margen bruto trepa al 58 %. Y el dividendo, aunque simbólico (0,19 %), es la guinda a una historia de crecimiento que no entiende de freno.

El valor ya cotiza por encima de los 320 dólares, lejos de los 61 que marcó hace un año. Pero la brecha entre oferta y demanda sigue siendo un abismo. Cuando la producción nueva llegue en 2027, la tarta ya se habrá duplicado otra vez. Los inversores que esperan a que «baje más» suelen descubrir que el tren pasó de largo.

En el tablero de la IA no solo hay GPUs. Sin memoria rápida, el chip más potente es un ladrillo caro. Micron controla ese cuello de botella y cobra peaje por cada gigabyte que cruza sus líneas de fabricación. La receta es vieja: vendes agua en el desierto y pones el precio que te da la gana.