Micron se dispara 315% y aún parece barata: el gurú que la compra a 4 veces sus beneficios

Ross Gerber no suele andarse con rodeos. Cuando el CEO de Gerber Kawasaki ve una ganga, lo grita en X. Y ayer gritó: Micron Technology cotiza a cuatro veces sus ganancias futuras. El tuit tardó minutos en viralizarse entre los fondos que buscan la próxima bestia del AI. La acción cerró en 382 dólares, un 21% arriba en lo que va de año y un 315% en doce meses. Poco importa. Para Gerber, aún es mitad de precio.

El dram que alimenta a las grandes nubes

La historia empieza en un almacén de Boise, Idaho, donde Micron produce chips de memoria que ni se ven pero que hacen funcionar los centros de datos que mueven a la humanidad. El pasado 19 de marzo la compañía anunció que vendió 23.860 millones de dólares en el segundo trimestre, 19% más de lo que Wall Street temía. El beneficio por acción fue de 12,20 dólares; los analistas esperaban 9,21. La cifra habla por sí sola: 196% más de ingresos que hace un año, impulsados por la sed insaciable de memoria de los servidores que entrenan modelos de inteligencia artificial.

El flujo de caja operativo trepó a 11.900 millones y el free cash flow ajustado a 6.900. Traducción: Micron ya no es un ciclico que sufre cada bajón del precio del DRAM; es un cajero automático que cobra peaje cada vez que OpenAI, Google o Meta ensanchan sus granjas de GPUs.

Por qué los analistas aún ven 40% de subida

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Veintinueve casas siguen la acción. El consenso fija un precio objetivo de 494,78 dólares, 30% arriba del cierre. Pero los últimos tres informes —JPMorgan, Mizuho y Bank of America— apuntan a una media de 526,67 dólares, casi 40% de rédito. El más agresivo, Cantor Fitzgerald, se sube al 700. El más bajista, Itaú BBA, se queda en 249; su recomendación data de octubre, cuando el título valía la mitad.

La razón del optimismo reside en la brecha entre el trailing P/E de 19,96 y el forward P/E de 7,63. El mercado cree —y los pedidos lo confirman— que los beneficios se duplicarán en los próximos cuatro trimestres. Si Micron cumple, ni siquiera la capitalización actual de 140.000 millones parece descabellada para un proveedor crítico del próximo ciclo de AI.

Lo que nadie cuenta es que la guerra comercial por los semiconductores sigue viva. Si Washington decide restringir exportaciones a China, el precio del DRAM podría volatilizarse. Pero Micron ya aprendió la lección: ha diversificado su producción a Taiwán y Japón, y reserva la tecnología más puntera para fabricar en casa. El riesgo político permanece, pero el margen de maniobra es hoy mayor que en 2018.

Los inversores que se subieron al tren hace doce meses han quintuplicado su apuesta. Los que se suban ahora apuestan a que la historia se repite: cada vez que la inteligencia artificial crece, la memoria que la alimenta se vuelve más escasa y más cara. Gerber lo resume en una frase que suena a epitafio para los escépticos: “Gracias, Micron, por regalarme crecimiento desaforado a precio de ganga”. El mercado le dio la razón en 24 horas. Las cuentas del próximo trimestre dirán si fue un acierto o una profecía que se autocumple.