Microsoft se desploma 26%: la nube se desinfla y la ia amenaza su vaca lechera
Mientras Satya Nadella presumía de números récord, los inversores le daban la espalda. La acción de Microsoft cerró la semana en $357, un -26% en lo que va de año, y la sensación entre los gestores de fondos es que el suelo aún no se ve. La razón: la competencia en la nube empieza a doler y la inteligencia artificial que tanto vende puede acabar devorando su modelo de suscripciones.
El negocio que parecía infalible muestra grietas
El segundo trimestre fiscal fue un fuego de artificio: ingresos de $81.300 M (+17%) y beneficio por acción de $4,14 (+24%). Azure creció el 39% y el RPO comercial se disparó al $625.000 M. Pero Wall Street ya no se fía de los guarismos pasados; observa el futuro y ahí la historia se tuerca.
Google Cloud acaba de anotarse un +48% de crecimiento, su mejor ritmo en dos años, y lo ha hecho justo cuando Microsoft elevó sus capex al 66% hasta $37.500 M. Traducción: pese a desembolsar más que nunca en centros de datos, Azure pierde fuelle frente a un rival que no da puntada sin hilo.

El riesgo oculto que nadie precifica
La verdadera bomba de relojería está en los 450 millones de asientos comerciales de Microsoft 365. Si los agentes de IA terminan automatizando tareas que hoy consumen licencias, las empresas no renovarán tantos puestos. Copilot puede monetizar hoy, pero mañana devora su propio ecosistema. El margen bruto de Productividad y Procesos de Negocio ya no es un escudo: es una diana.
El mercado empieza a descontar esa posibilidad. A 22 veces beneficiicios, Microsoft cotiza cerca de su media histórica, pero los flujos futuros ya no vienen garantizados por el monopolio de Office. La guerra por la infraestructura y la deflación de software as a service exigen prima de riesgo… y esa prima aún no se ha materializado.
La conclusión es tozuda: el valor puede parecer barato, pero lo barato puede ser caro si los fundamentos se resquebrajan. Hasta que el precio no refleje un descuento por escenario de doble margen presionado, el dinero inteligente seguirá en la grada. Microsoft necesita demostrar que puede crecer en la nube sin desangrarse en capex y que la IA no se convertirá en su propio Trojan horse. De momento, la respuesta del mercado es un silencio que suena a veto.
