Oman inyecta liquidez halal al negocio de sacos que alimenta la industria árabe

El dinero islámico entra con fuerza en la cadena de suministro más prosaica de Omán: la que envuelve cemento, azúcar y petróleo. Sharakah, el brazo financiero del Estado para pymes, acaba de abrir una línea de working capital que respira sharia a Ocean of Majan, la matriz de Bagpak, la única planta local que teje sacos de polipropileno a ritmo industrial desde hace dos años.

Un préstamo sin riba para tejer red de sacos

Un préstamo sin riba para tejer red de sacos

La operación, cuantía no revelada pero catalogada por fuentes del sector como «suficiente para duplicar la capacidad en 18 meses», llega en forma de murabaha: el banco compra la materia prima y la revende a la empresa con margen pactado, evitando el interés convencional, riba, prohibido por la ley islámica. El mecanismo permite a Bagpak adelantar pedidos de resina sin desangrar su caja ni incurrir en haram.

La fábrica, levantada en la zona franca de Rusayl, consume 2.400 toneladas de polipropileno al año para producir sacos tejidos, FIBC jumbo y contenedores de cemento. Clientes como Oman Cement, Renaissance Services y los molinos de azúcar del Sohar Free Zone absorben el 70 % de la producción; el resto se escapa hacia Dubái y Qatar. Con la nueva línea, Al Kaabi, su director general, calcula subir a 5.000 toneladas y colocar sacos en el mercado saudí antes de que acabe 2025.

Sharakah, por su parte, cumple un doble objetivo: rentabilizar el fondo soberano de desarrollo industrial y blindar la cadena de suministro nacional. «No se trata solo de dinero; se trata de evitar que un país que importa el 60 % de sus envases industriales siga dependiendo de India y China para embalar su propio cemento», confiesa un directivo de la entidad que prefiere no ser citado.

El timing es clave. El sultán Haitham ha puesto en marcha el Oman Vision 2040, que exige duplicar la participación de las pymes en el PIB y reducir la factura de importaciones de materiales de embalaje, hoy en 120 millones de dólares anuales. Bagpak, con 120 empleados omanies y una facturación proyectada de 8 millones de riales (20,8 millones de dólares) en 2025, se convierte en la pieza que ensambla el discurso oficial con la realidad de fábrica.

La jugada, además, blinda a la empresa contra la volatilidad del petrodólar. Al amparo del contrato sharia, el coste de financiación se fija en riales, no en dólares, lo que le ahorrará alrededor de 150.000 dólares anuales en cobertura de divisa, según cálculos internos. Un margen que ya negocia para bajar precios y arrebatar contratos a los gigantes asiáticos.

El cierre del trato se firmó en la sede de Sharakah el pasado martes, con la certificación del Comité de Estándares Islámicos de Omán. La planta de Rusayl encenderá una nueva línea de extrusión en octubre. Si los plazos se cumplen, Omán dejará de importar sacos de cemento antes de 2026. Y Bagpak habrá pasado de start-up a monopolio local sin quebrar una sola regla del Corán.