Oracle paga dividendos con deuda mientras quema 27 000 millones en ai: la apuesta que divide a wall street

Oracle regala 2 000 millones de dólares al año a sus accionistas… y encima pierde 23 000 millones de cash libre en el ejercicio que empieza. El gigante de la nube ha invertido tanto en centros de datos para alimentar la fiebre de la inteligencia artificial que su flujo de caja se ha volatilizado en menos de veinticuatro meses. La acción se desploma un 58 % desde su máximo histórico de septiembre de 2025, pero la junta directiva mantiene el dividendo intacto. La pregunta ya no es si el negocio crece —lo hace al ritmo más frenético de los últimos quince años—, sino quién pagará la fiesta si el flujo de caja siga en rojo.

El armario de los 553 000 millones que nadie abre

Clay Magouyrk, CEO de la división cloud, presume de un RPO (contratos pendientes de facturar) de 553 000 millones. Esa cifra, tres veces el PIB de Ecuador, suena a gloria en la conferencia telefónica. Pero los analistas de deuda ya no miran el RPO: miran el capítulo de «capex». El gasto en infraestructura saltó de 21 000 millones en 2025 a unos 50 000 millones previstos para 2026. Y la previsión oficial apunta a 73 000 millones en 2028. Traducción: cada dólar que entrará por AI se irá directo a construir racks y subestaciones eléctricas antes de tocar el bolsillo del accionista.

El efectivo que sobraba hace dos años —11 800 millones— se convirtió en un agujero de 400 millones negativos en 2025. El agujero se ensanchará hasta 27 600 millones en 2027. Oracle no ha tocado el dividendo, pero sí ha apretado el botón de emisión: 30 000 millones en bonos y preferred convertibles en febrero, con autorización para llegar a 50 000 millones en 2026. El balance ya carga con 124 700 millones de deuda a largo plazo y apenas 39 100 millones de liquidez. La cuenta operativa crece, sí, pero el «cash flow libre» —la gasolina de cualquier payout— se evaporó.

La tesis de los dos tiempos

La tesis de los dos tiempos

El argumento de los bulls es simple: margen bruto superior al 30 % en los nuevos data centers AI y crecimiento del EPS del 30 % anualizado hasta 2030. El dividendo anual de 5 750 millones apenas representa un quinto del flujo operativo proyectado para 2027. La dirección repite que la «prioridad número uno» es mantener la cadencia de reparto. Traducción para no iniciados: podríamos endeudarnos más, pero no vamos a ser los próximos AT&T.

Los osos, en cambio, ven un ciclose de vacas flacas: tipos de interés altos, refinanciación próxima y un mercado de AI que, aunque candente, puede saturarse si Microsoft, Google y Amazon deciden rebajar precios. Además, la deuda nueva llega con cupones del 5-6 %, lejos del 2 % que pagaba hace cinco años. Cada punto porcentual de más cuesta otros 1 200 millones anuales solo en intereses. El dividendo, en ese contexto, empieza a parecer un capricho de marca más que una política sostenible.

La clave está en el timing: Oracle promete que el free cash flow volverá a territorio positivo en 2028, cuando la mayoría de los gigavatios ya estén online y los contratos AI pasen de RPO a ingreso reconocido. Si la demanda se mantiene —un «si» tan grande como un datacenter de 200 MW—, la acción puede rebotar y el dividendo quedará como una anécdota dentro del resultado. Si la economía global tropieza, la compañía tendrá que elegir entre crecer o repartir, y la historia dice que casi siempre se queda con la primera opción.

Oracle ya no es el «viejo Oracle» de base de datos y contratos gubernamentales. Es una start-up de infraestructura disfrazada de megacap que paga un cupón para no perder a los fondos de pensiones. Esa dualidad convierte cada reunión de resultados en un partido de tenis de muerte: un saque de crecimiento, una devolución de deuda, un smash de margen. El espectador dividendo está sentado en la grada, sin saber si la pelotaca terminará en su raqueta o en la cabeza. Mientras tanto, los 2 dólares por acción siguen llegando cada trimestre. Disfrútelos; alguien —quizá el mercado de bonos— está pagando la cuenta.