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Oracle se desploma tras el frenesí de la ia y wall street aún cree que puede valer 1 billón

Oracle ha perdido casi la mitad de su valor en seis meses. El sueño de convertirse en el próximo gigante de los centros de datos de inteligencia artificial se tambalea cuando los inversores descubren que los 455 000 millones de dólares de ingresos futuros incluyen un contrato con OpenAI que, por sí solo, supone 300 000 millones y ocho años de plazo. La pregunta ya no es si la IA crecerá, sino quién pagará la factura.

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El pasado septiembre los analistas aplaudieron de pie. Larry Ellison prometió que la infraestructura cloud de Oracle pasaría de 18 000 millones en 2026 a 144 000 millones en 2030. La acción se disparó. Tres meses después el entusiasmo se convirtió en pánico: la compañía absorbió 50 000 millones de deuda, el flujo de caja libre tocó terreno negativo y los márgenes de los centros de datos mostaron grietas. El mercado castigó el relato sin miramientos.

La fuente del problema no es tecnológica, es financiera. OpenAI necesita esa infraestructura para entrenar modelos, pero aún quema dinero. Su ronda de 120 000 millones cerrada esta primavera calma a medias: cubre la caja, no reduce la dependencia. Mientras tanto, Oracle sigue construyendo servidores que todavía no ha cobrado.

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John DiFucci, el analista más alcista del momento, coloca el precio objetivo en 400 dólares por acción. Su argumento: la demanda de servicios de IA sigue superando la oferta, Oracle domina las bases de datos empresariales y acaba de jurar que no tocará el mercado de bonos en lo que resta de año. Con 553 000 millones de RPOs en la hoja de ruta, basta con que una fracción se materialice para que los números cuadren.

El camino al billón de capitalización pasa por demostrar que los clientes —OpenAI incluido— pagan a tiempo y que los márgenes se expanden antes que la deuda. DiFucci apuesta a que ambas condiciones se cumplen; el mercado, de momento, apuesta a que no.

La caída ha convertido el valor en una apuesta de alto riesgo y posible alto premio. Quien entre ahora compra la historia de la IA a precio de quiebra técnica. Si la historia se cumple, Oracle se sentará a la mesa de Nvidia, Apple y Meta. Si falla, la factura la pagarán los accionistas, no los algoritmos.