Oro en la cuerda floja: tensiones con irán y riesgo de inflación

El oro ha abierto la sesión de este martes con una ligera caída, pero la volatilidad reina en los mercados financieros ante la escalada de tensiones entre Estados Unidos e Irán. La incertidumbre geopolítica, si bien suele impulsar el metal precioso, se ve ahora matizada por el riesgo de una subida de los precios del petróleo y, potencialmente, una reacción de la Reserva Federal.

La geopolítica impulsa la cautela, pero la inflación acecha

Los futuros de oro para entrega en junio (GC=F) se abrieron en 4.678,60 dólares la onza troy, una bajada del 0,1% respecto al cierre de ayer. Aunque hubo un ligero repunte en las primeras horas, el mercado permanece en vilo, pendiendo de los acontecimientos en Oriente Medio. La retórica presidencial, con un tono más conciliador el lunes –evitando la posibilidad de expropiar el petróleo iraní, una medida que habría prolongado el conflicto– se desdibuja ante el ultimátum de Trump para que Irán reabra el Estrecho de Ormuz.

Lo que nadie cuenta es la complejidad añadida que esta situación supone para el oro. Si bien las tensiones geopolíticas tradicionalmente lo impulsan como refugio seguro, esta vez la amenaza de un conflicto se suma a la posibilidad de una escalada en los precios del petróleo. Un aumento sostenido del crudo podría desencadenar una inflación generalizada, presionando a la Fed para que eleve los tipos de interés. Y ahí reside el problema: subidas de tipos suelen debilitar el atractivo del oro.

La cifra habla por sí sola: el oro ha experimentado una subida anual del 55,1% en comparación con el mismo periodo del año anterior. Un rendimiento que se disparó hasta el 95,6% el pasado 29 de enero, pero que ha experimentado correcciones, como la del 8,6% en el último mes.

Riesgos y expectativas: ¿refugio o especulación?

Riesgos y expectativas: ¿refugio o especulación?

El oro, como todo activo, conlleva riesgos. Darrell Fletcher, de Bannockburn Capital Markets, advierte que “comprar cuando el precio está cerca de máximos históricos con la esperanza de obtener ganancias a corto plazo es una estrategia arriesgada”. Sin embargo, destaca la recuperación del oro después de décadas de precios bajos y su creciente popularidad entre bancos centrales e inversores particulares como diversificación. Alex Tsepaev, de B2PRIME Group, matiza: “El oro no debe verse como un motor de retornos extraordinarios, sino como un estabilizador en una cartera diversificada.”

Thomas Winmill, de Midas Funds, anima a los inversores a considerar las posiciones en lingotes, monedas y ETFs de oro como especulativas. “Los precios de las materias primas dependen de factores macroeconómicos, políticos, industriales y financieros impredecibles”. Un recordatorio de que, a pesar de su reciente desempeño, el oro sigue siendo un activo volátil, susceptible a cambios bruscos.

En definitiva, la prudencia es clave. Mientras la incertidumbre geopolítica siga presente, el oro podría mantener su atractivo como refugio, pero los inversores deben ser conscientes de los riesgos inflacionarios y de las posibles reacciones de la Reserva Federal. La clave está en gestionar las expectativas y entender que el oro es, ante todo, un estabilizador, no una apuesta por ganancias rápidas.