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Procter & gamble y philip morris blindan tu cartera contra la volatilidad

Si tu corazón salta cada vez que el Ibex 35 hace un giro brusco, quizá estás apostando por el tipo de historia equivocada. La última oleada de resultados en Nueva York confirma que los que duermen tranquilos no miran gráficos cada cinco minutos; miran dividendos que llegan cada trimestre y marcas que ni la peor crisis hace desaparecer del carrito de la compra. Procter & Gamble y Philip Morris International acaban de demostrarlo: 69 y 17 años, respectivamente, alzando el dividendo sin pedir permiso a los ciclos económicos.

El truco de p&g: vender jabón cuando el mundo se derrumba

En 1837, un talidomido bursátil no existía; el pánico era el de una epidemia de cólera. William Procter y James Gamble decidieron fabricar velas y jabón. Hoy, 335.000 millones de capitalización después, la receta sigue siendo la misma: si el cepillo de dientes baja, la pasta dentífrica sube; si cae el champú, lo compensa el detergente. La cartera de 65 marcas convierte cualquier desaceleración en un simple trasvase de cajas de cartón entre pasillos del supermercado.

El dividendo, 2,94 % de rentabilidad por acción, no es un guiño: es un contrato social. Cada trimestre, 2.100 millones de dólares salen de Cincinnati con destino a bolsillos de accionistas que, en muchos casos, ni saben que tienen P&G en el fondo de pensión. El último aumento, el número 69 consecutivo, se aprobó en abril entre bostezos: ni la guerra de Ucrania ni la inflación del papel higiénico lograron torcer la mano al consejo.

Philip morris calienta tabaco sin quemar a sus inversores

Philip morris calienta tabaco sin quemar a sus inversores

Mientras la industria del tabaco agoniza en los titulares, Philip Morris International se ha mudado a Suiza y ha aprendido a vender nicotina como si fuera un iPhone. El dispositivo Iqos no quema, calienta; reduce la toxina y aumenta el margen. La jugada ha convertido a la ex paria en la acción que más ha subido en el sector en los últimos cinco años: +83 % frente al +29 % de su hermana estadounidense Altria.

La clave está en la geografía. Cuando Indonesia sube impuestos, Suecia compensa con Zyn, la bolsa de nicotina sin humo que se disuelve bajo el labio. La compra de Swedish Match por 16.000 millones fue la mayor apuesta de la compañía desde la separación de 2008; ha duplicado su presencia en EE UU justo cuando la FDA empezó a apretar el cigarrillo tradicional. El dividendo, 3,55 %, se paga en francos suizos y se cobra en cualquier broker de Madrid.

La moraleja no es que el tabaco sea bueno; es que, en bolsa, el vicio bien gestionado vence al virtuoso mal administrado. Ambas compañías han convertido la rutina en flujo de caja: cepillarse los dientes y calentar tabaco son gestos que ni la inteligencia artificial ha sabido reemplazar. Mientras tanto, los inversores que cobran su cheque cada 90 días pueden permitirse el lujo de ignorar los titulares y seguir viviendo de rentas.

La próxima vez que el Nasdaq se tambalee, recuerda: hay empresas que no necesitan revoluciones tecnológicas para multiplicar tu capital; solo un gramo de detergente y una cápsula de tabaco caliente. El resto es ruido. Y el ruido, como bien saben en Cincinnati y Lausana, no paga dividendos.