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Raymond james se juega la media en su q2: 31 % de rebote o despegue fallido

Wall Street apuesta $185 por cada acción de Raymond James, pero el gráfico grita otra cosa: la casa de bolsa floridense lleva doce meses cojeando mientras el S&P 500 se sube 12 %. El próximo 22 de abril, tras el cierre, el equipo de Paul Reilly desvelará si logra revertir la maldición o confirma que el negocio de banca de inversión sigue sangrando.

El consenso fija la ganancia por acción en $2,92, un 20,7 % más que el año anterior. Visto así, suena a recuperación. El problema es el último episodio: en el primer trimestre fiscal los ingresos por fusiones y asesoría se derrumbaron y arrastraron el segmento de capital markets a un -21 %. La receta se agotó: subir comisiones de gestión y banca privada solo compensó a medias.

El hueso duro de los costes

Los gastos no financieros escalaron un 8 % hasta los $3.010 millones, una cifra que duele más cuando los ingresos totales apenas crecen un dígito. El margen se resquebraja y los inversores castigan: el título se ha quedado rezagado frente al selectivo financiero XLF, que ya perdió casi 5 % en el último año. Raymond James, ni eso.

La apuesta de los analistas —15 voces, 5 «strong buy» y 10 «hold»— dibuja un potencial de subida del 31,5 % si el precio alcanza el objetivo medio de $185,85. Pero la confianza tiene pies de barro: la firma solo ha batido estimaciones en dos de los últimos cuatro trimestres. El historial no ayuda a dormir tranquilo.

El escenario 2027 ya está descontado

El escenario 2027 ya está descontado

Más allá del trimestre, los modelos apuntan a un beneficio ajustado de $11,95 por acción en el año fiscal 2026 y $13,56 en 2027. Crecimientos del 12 % y del 13,5 % que, de materializarse, justificarían el optimismo. La incógnita sigue siendo la misa: ¿podrá la mesa de negociación volver a facturar sin el impulso de las grandes fusiones? Mientras tanto, la división de gestión de activos y la banca privada siguen siendo los únicos motores que funcionan a plena potencia.

La clave está en la disciplina de costes y en demostrar que el negocio de equity y deuda puede vivir sin el boom de M&A. Si el 22 de abril el EPS supera los $2,92 y los márgenes mejoran, el rebote puede ser rápido. Si no, la prima de 31 % que prometen los analistas se evaporará antes que un IPO sin colocar.