Recesión: ¿el ibex se recuperará como en el pasado?
El fantasma de la recesión vuelve a rondar los mercados, y con él, el miedo. Pero, ¿deberíamos entrar en pánico? La historia nos ofrece un consuelo: cada crisis económica ha sido, eventualmente, seguida por un rebote bursátil.
Analizando el pasado: lecciones del ibex desde 1980
La National Bureau of Economic Research (NBER) define una recesión como una caída significativa en la actividad económica que dura más de unos pocos meses. Aunque cada una ha sido distinta – desde la inflación galopante de los 80 hasta la crisis financiera de 2008 – una constante ha sido la recuperación del mercado de valores. Revisemos cómo se comportó el S&P 500 (un buen indicador de la evolución de las bolsas globales) en las seis últimas recesiones en Estados Unidos, para entender mejor qué esperar.
En 1980, la recesión, impulsada por la alta inflación y los costes energéticos, duró solo seis meses. Tras el punto más bajo del S&P 500, las ganancias se dispararon un asombroso 6.600%. La recesión de 1981-1982, provocada por subidas agresivas de tipos de interés, tardó 16 meses, pero la recuperación fue igualmente vertiginosa, con un aumento del 6.325% desde el suelo. La guerra en Oriente Medio y los precios del petróleo en 1990-1991 provocaron una recesión de ocho meses, seguida de un repunte del 2.127%.
El estallido de la burbuja tecnológica en 2001 nos deparó una recesión de ocho meses, pero el mercado respondió con un crecimiento del 747%. La crisis financiera de 2007-2009, la más prolongada (18 meses), vio una recuperación del 872%. Y la breve recesión de 2020, causada por la pandemia de COVID-19, se recuperó en solo dos meses, con un incremento del 194%.
La lección es clara: los mercados se recuperan. Pero, ¿qué podemos hacer los inversores ahora, ante la amenaza de una recesión y la persistente inflación?

Evitando la trampa de cronometrar el mercado
La tentación de predecir el futuro es poderosa, pero también peligrosa. Intentar cronometrar el mercado – vender antes de una caída y comprar después – es una estrategia que rara vez funciona. Nadie, repito, nadie puede predecir con certeza cómo se moverá el mercado a corto plazo. Las conjeturas, por muy fundamentadas que estén, siguen siendo conjeturas.
En lugar de intentar anticipar el momento exacto, la clave está en la constancia. El “dollar-cost averaging” – invertir cantidades fijas a intervalos regulares, independientemente de la situación del mercado – es una estrategia probada que ayuda a mitigar el riesgo y a aprovechar las fluctuaciones. Ya sea que las acciones estén en máximos históricos o desplomándose, el objetivo es mantener la disciplina y seguir invirtiendo según el plan.
Recordemos, invertir no es una carrera para hacerse rico rápidamente. Se trata de construir riqueza a largo plazo. Como dice el refrán:
