Rockwell se dispara 32% y cramer vuelve a la carga: la guerra de aranceles alimenta su tren de pedidos
Rockwell Automation acaba de demostrar que la reshoring no es un eslogan: es un alud de pedidos que ya ha metido 2.100 millones de dólares en caja este trimestre. El fabricante de robots industriales ha pulverizado las previsiones con un beneficio ajustado de 2,75 USD por acción —27 céntimos por encima del consenso— y ha dejado a los analistas con la palabra en la boca. La recompensa: un 32 % de revalorización en doce meses y un protagonismo renovado en la pantalla de Jim Cramer, que volvió a meterla en su lista de valores «físicos» para el auge de la IA industrial.
El flujo de caja pincha el globo
Pero hay un detalle que enfrió la fiesta el 5 de febrero: el cash. El flujo operativo se derrumbó a 234 millones desde 364 millones y el free cash quedó en 170 millones, 123 millones menos que hace un año. La cuenta de resultados reluce; la cuenta bancaria, no. Los fondos que se jugaban el rebote se retiraron en masa y la acción cerró con un -5 % pese al doblete de estimaciones.
La explicación es menos glamurosa que los robots ensamblando motores: inventarios elevados y desembolsos por un plan de incentivos que la compañía promete «normalizar» en el segundo semestre. La directora financiera, Rebecca House, aseguró en la conference call que «el giro de tuerca ya está en marcha» y apuntó a márgenes superiores al 22 % para fin de año fiscal. El mercado escuchó, pero no compró del todo.

Cramer carga las tintas: «el pastel del arancel»
La estrella de Mad Money no se anda con rodeos: «Si la reshoring se dispara, Rockwell es el pick and shovel de la revolución». En junio ya había avisado que «el tejido cicatriz de años pasados» le impedía cantar victoria, pero ahora ve «suficientes señales verdes» como para recomendar la entrada. Su truco: apostar por el efecto arancel antes que por el efecto moda. «Las fábricas que vuelvan a EE. UU. van a necesitar automatización de inmediato; Rockwell tiene el catálogo y los técnicos en planta», sentenció.
La jugada le ha salido redonda: desde que emitió su voto de confianza la acción ha sumado un 9 % adicional y se coloca en máximos relativos. El riesgo, admite, es que la compañía «no aprenda de sus propios errores» y vuelva a diluir ganancias en proyectos que no despeguen. «Pero esta vez el viento sopla a favor y la guerra comercial es solo la guinda», apostilló.
El consejo del gurú: comprar escalonado y no mirar la cotización cada día. «El ciclo industrial dura tres años, no tres semanas», recordó a sus seguidores antes de cerrar el programa.
En la mesa de operaciones, los market makers ya han rebajado el precio objetivo medio a 340 USD —frente a los 365 previos— para reflejar el menor cash generado. Aun así, el consenso mantiene un 15 % de potencial al alza, algo que pocos valores del S&P 500 pueden presumir tras un ejercicio de euforia tan prolongado.
Rockwell no ha inventado la pólvora; ha fabricado los sensores que avisan cuando la pólvora está a punto de explotar. Mientras Washington siga poniendo trabas a las importaciones, las líneas de ensamblaje regresarán a Ohio y Michigan, y ahí estará la compañía de Milwaukee, lista para cobrar cada tornillo que se robe al gigante asiático. La historia se repite: quien vende palas en la fiebre del oro acaba siendo el verdadero ganador. Y esta vez el oro se llama reshoring.
