S&p global se hunde 22% y los fondos huyen: ¿oportunidad o trampa?
Wall Street castiga a S&P Global. El gigante que gestiona el índice más citado del planeta ha perdido 22% en seis meses y ya hay 2 fondos menos que la guardan en su cartera. La culpa: la integración de IHS Markit, el miedo a la IA y la sequía de emisión de deuda. Pero bajo el capó los números siguen rugiendo: 54 años de dividendos creciendo sin pausa y un margen que deja boquiabierto al banco que más conozco.
El foso es tan ancho que ni un ejército de fintech lo cruza
¿Quién puede replicar 150 años de historial crediticio, las curvas de precios del petróleo que usan 85% de las compañías energéticas o el VIN de cada coche que circula en EE UU? La respuesta es nadie. S&P se ha convertido en infraestructura crítica: su rating está escrito en cientos de reglamentos y sus índices se replican con más de 2 billones de dólares. Cuanto más se copia, más fuerte se vuelve el efecto red.
El problema es que la tetera ve un huracán. La compra de IHS Markit por 44.000 millones ha tirado el ROIC al 7%, pero si se limpia el goodwill la cifra se dispara al 18%. Los analistas de Compounding Dividends lo han calculado: el mercado está preciando como si el crecimiento fuera 4% anual cuando la realidad histórica ronda el 8%. La desviación huele a regalo, pero solo si Martina Cheung logra que las sinergias no se queden en PowerPoint.

La apuesta tiene fecha límite: abril de 2026
Esa es la primera revisión grande de deuda soberana en Europa tras las elecciones alemanas. Si la emisión de bonos se dispara, S&P cobra más tarifas y el precio deja de parecer caro. Mientras tanto, la compañía devuelve 5.200 millones al año entre dividendos y recompras, una caja que permite esperar sentado. La clave: que la IA no termine haciendo gratis lo que hoy factura 14.000 millones.
Yo he visto cómo se desmoronan bancos enteros por no entender sus activos. Con S&P ocurre lo contrario: el mercado entiende la historia, pero no cree en la velocidad. El descuento es real, el foso también. Y cuando los dos coinciden, la rentabilidad futura suele tener nombre de mujer: Martina.
