Spacex se abre al mercado y dos acciones se disparan antes del estreno
Si Elon Musk decide abrir la puerta, el universo bursátil se prepara para un terremoto de órdenes de compra. La operación que se cocina en privado podría convertirse en la mayor salida a Bolsa de la historia: SpaceX negocia con bancos de inversión una OPV que rondaría los 75.000 millones de dólares y apunta a una capitalización de 1,75 billones. Dos nombres, EchoStar y Rocket Lab, ya se adelantan al estreno y sus acciones se disparan como cohetes en premercad.
El puente de echostar hacia la órbita de musk
La joya oculta se llama SATS. Hace un año Charles Ergen, su consejero delegado, cerró un pacto con SpaceX: vende 20.000 millones de espectro 5G a cambio de hasta 11.000 millones en acciones clase A de la compañía de Musk. El trámite se completará a finales de 2027, pero la calle ya ha hecho sus cálculos: por cada 100 dólares invertidos hoy, el mercado descontará un trozo de esa futura participación en la nave estrella.
Ergen no se moja: "En 45 años no he trabajado con nadie tan rápido y creativo". Lo dice tras haber recorrido la mitad de Estados Unidos en avioneta para montar su imperio de satélites. Ahora, con DISH arrastrando litigios por desmantelar antenas y EBITDA al filo del cero, el valor reside en el ticket que ya guarda para la fiesta de SpaceX. El consenso de analistas fija el precio objetivo en 120,50 dólares; la acción cotiza en 114. El margen es estrecho, pero la ganancia se mide en trillones si la OPV confirma la loca valoración.

Rocket lab, el proveedor que no quiere ser nadie satélite
Mientras otros sueñan con tener un trozo de Musk, Peter Beck opta por venderles pico y pala al que construye el universo. Su compañía, RKLB, acaba de facturar 602 millones en 2025, un +38 % interanual, y acumula 1.850 millones en cartera. La mitad del contrato le viene a la Space Development Agency: 1.300 millones por fabricar 18 naves de alerta antimisiles. Un negocio que no depende de la bolsa de Musk, pero que se beneficiará del tirón de confianza en el sector.
El Neutron, su cohete reutilizable de nueva generación, ha retrasado su estreno al cuarto trimestre de 2026 tras reventar un tanque en pruebas. Beck paga los platos rotos: compra dos talleres de componentes ópticos y mecánicos para controlar toda la cadena. Resultado: márgenes brutos del 44 % en la versión no-GAAP. La calle le da un precio objetivo de 90,50 dólares; la acción se cambia en 61. La distancia invita a soñar, pero también a la volatilidad de un sector que vive de hitos.
El momento de elegir bando
Quien quiera apostar por la fiebre SpaceX tiene dos caminos. El primero, EchoStar, es un billete directo: si la OPV se confirma, el descuento desaparece de golpe. El segundo, Rocket Lab, es una apuesta de servicios: gana con cada lanzamiento ajeno y, de paso, compite con Musk en la próxima generación de cohetes. La primera paga por el hype; la segunda, por los números que ya ingresa.
Wall Street ya ha empezado a dividir carnets. En la primera, solo tres de ocho analistas gritan "compra fuerte"; en la segunda, nueve de dieciséis. La balanza se inclina, pero el riesgo es proporcional al empuje de los motores. Cuando SpaceX despliegue el prospecto, las órdenes de compra pueden ser tan brutales que arrastren a todo el sector. Hoy, antes del estruendo, los precios aún permiten elegir asiento.
La frontera final ya no es el espacio; es la pantalla del broker. Y ahí, los cohetes se cotizan por tiempo limitado.