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Super micro se hunde: denuncian inflar ventas y eludir controles a nvidia

Super Micro Computer juega con fuego y ya se quema. Un grupo de accionistas ha presentado una demanda en San Francisco que acusa a la compañía de inflar artificialmente sus ventas y el precio de sus acciones entre abril de 2024 y marzo de 2026. La misma semana, se filtran indicios de que la firma habría intentado colar chips de Nvidia a clientes sancionados por Washington. Dos frentes abiertos, un mismo resultado: el valor se desploma un 25% en lo que va de año y los analistas ya hablan de “gobierno en quiebra”.

El números que no cuadran

La denuncia, presentada el pasado 19 de marzo, no especifica una cifra de daños; basta con leer la evolución reciente del balance para entender el cabreo. El flujo de caja operativo se derrumbó a -941 millones de dólares en los primeros seis meses del ejercicio 2026, cuando un año antes era positivo en 169 millones. Aun así, la empresa presumió de duplicar facturación hasta 12.700 millones y de batir expectativas con un beneficio por acción de 0,69 dólares. ¿Cómo crece la cifra de negocio y se desmorona el cash? La respuesta está en la “práctica contable agresiva” que denuncian los demandantes: reconocer ingresos antes de cobrar y cargar deudas a filiales para maquillar el resultado.

El problema no es solo fiscal. Super Micro ha construido su liderazgo en servidores IA prometiendo entregas más rápidas que Dell o HPE, pero esa velocidad ahora se le vuelve en contra. Los hiperscalares —Amazon, Google, Microsoft— revisan contratos mes a mes y exigen certificaciones de cumplimiento legal que la firma ya no puede ofrecer sin asteriscos. La consecuencia: descuentos de hasta el 18% sobre el precio de lista para retener pedidos, lo que desangra el margen bruto.

La ventaja técnica que ya no alcanza

La ventaja técnica que ya no alcanza

Super Micro sigue presumiendo de refrigeración líquida y de racks de 100 kW, pero Dell ha cerrado el hueco. Su nueva línea PowerEdge aloja 72 GPUs en 480 kW con eficiencia térmica 25 veces superior a la de aire forzado. HPE, por su parte, apuesta por la seguridad en silicio y la gestión cloud integrada, un anzuelo para los departamentos IT que no quieren convertirse en ingenieros de mantenimiento. El mensaje que llega al comprador es claro: puedes tener la misma potencia sin el riesgo reputacional.

El consenso de analistas refleja la parálisis: diez de diecinueven recomienden “hold”, tres “venta fuerte” y el precio objetivo medio de 34,67 dólares supone solo un 59% de rebote desde los 21 actuales. Pero ese upside es papel mojado mientras la SEC no aclare si habrá una investigación formal y mientras el consejo no anuncie cambios de cúpula. En la última call con inversores, el CEO Charles Liang prometió “transparencia total” y atribuyó la fuga de caja al “crecimiento desmesurado” de inventarios. Nadie le preguntó por los chips de Nvidia que, segiendo la prensa especializada, habrían terminado en manos de clientes chinos bajo sanciones.

¿Hay salida?

¿Hay salida?

La opción más cantada es una renovación completa del consejo y la llegada de un presidente independiente que desactive el control familiar de los Liang. Fuentes cercanas al accionista activista Ancora Advisors aseguran que ya han sondeado a ex directivos de Intel y AMD para conformar un “comité de salvamento”. La alternativa es una OPA hostile: KKR y Carlyle habrían pedido memorandums, pero exigen que la compañía sane primero sus cuentas y aclare el pasivo legal.

Mientras tanto, el mercado ya ha votado: los fondos de crecimiento han recortado la posición un 38% en el último trimestre y el volumen de acciones prestadas para apuesta bajista roza el 14% del capital. Super Micro puede seguir anunciando récords de ventas, pero sin credibilidad los números no sirven ni para enmarcar. La moraleja: cuando la gobernanza falla, la tecnología más puntera se convierte en un adorno inservible. Y los inversores prefieren mil veces un servidor menos veloz que una demanda federal en el despacho.