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Terawulf se dispara 399% y deja a cramer hablando solo: el minero que seduce a wall street

Wall Street no para de mirar a TeraWulf (NASDAQ:WULF). El operador de granjas de Bitcoin con sede en Maryland ha multiplicado por cinco su valor en doce meses y suma un 188% desde que Jim Cramer lo mencionó en Mad Money. Lo que empezó como una apuesta lateral se ha convertido en el caballo ganador que nadie —ni siquiera el presentador más ruidoso de CNBC— supo domar.

El día que el titulo se fue vertical

El 14 de agosto la cotización cerró con un alza del 59%. La razón: un contrato de computación de alto rendimiento con la startup Fluidstack por 3.700 millones de dólares de ingresos garantizados. A los inversores les importó un comino que la firma no tenga plantilla de vendores; la cifra hablaba sola. Dos meses después, el 14 de octubre, otra sacudida: +10,4% tras anunciar una emisión de deuda por 3.200 millones para financiar un centro de datos en Nueva York que servirá de soporte a Google. En plena fiebre por la inteligencia artificial, la palabra “hiperscalar” pesa más que el oro.

El rally no es cosa de dos días. Entre el 5 y el 9 de febrero los títulos se anotaron un 39,7% en cinco sesiones. El detonante: Morgan Stanley inició cobertura con un precio objetivo de 37 dólares, casi el doble de la cotización previa. Los analistas, que meses antes miraban a TeraWulf como un simple minero con etiqueta ESG, descubrieron de golpe que la empresa ya no vende solo Bitcoin; vende potencia computacional que las grandes nubes necesitan para entrenar modelos de IA.

Cramer se queda sin argumentos

Cramer se queda sin argumentos

El 31 de julio Cramer intentó defenderse: “Me gusta lo tangible, me gusta el Bitcoin, aunque el oro me gusta más”. Un rodeo lingüístico para decir que no tenía la acción en cartera y que, de hecho, la había dejado escapar. Desde entonces WULF le ha ganado la partida por goleada. Su recomendación de “comprar Bitcoin directo en lugar de mineros” se ha quedado hueca: la criptomoneda subió un 120% en el mismo período, menos de la mitad que la acción.

El secreto está en la matriz energética. TeraWulf utiliza un 95% de electricidad cero emisiones, principalmente nuclear. Eso reduce el riesgo regulatorio y atrae a fondos que ya no quieren carbono en sus memorias anuales. Además, sus centros están en Estados Unidos, lejos de la espada de Damocles china que pesa sobre otros mineros.

El balance sigue sangrando —ganó 9,3 millones en el último trimestre frente a 152 millones de deuda— pero Wall Street ya no mira la cuenta de resultados; mira la rentabilidad por kilovatio y la escalabilidad que ofrece el hueco dejado por Core Scientific tras su quiebra. Con la recompensa por bloque de Bitcoin reducida a la mitad en abril, los eficientes se comerán a los flojos. TeraWulf apuesta a ser el último superviviente.

La acción cotiza a 3,2 veces ventas 2025 estimadas, barata si se cree que el crecimiento se sostiene. Pero hay un detalle: los contratos con Fluidstack y Google incluyen cláusulas de reversión en 2027. Si la demanda de chips para IA decae, la melodía cambiará. Mientras tanto, el minero de Maryland sigue bailo y Cramer sigue sin entrar a la fiesta.