Trump aprieta al tesoro: los bonos de ee.uu. ya no son el refugio que prometían
Los bonos del Tesoro de EE.UU. dejaron de ser el colchón tranquilo del que uno se despierta sin magulladuras. La segunda llegada de Donald Trump al Despacho Oval ha puesto en la diana la deuda soberana más codiciada del planeta y, con ella, los ahorros de millones de inversores que dormían tranquilos tras la promesa de “seguridad absoluta”.
La primera sacudida llegó por la vía arancelaria. Las amenazas a la Unión Europea y la ópera bufa sobre Groenlandia dispararon el rendimiento del bono a 30 años, mientras el precio se desplomaba. Chris Cantrell, vicepresidente de valores en Thoroughbred Financial, lo resume sin anestesia: “El vaivén de tarifas ha convertido al Tesoro en un yoyó. Cada nuevo tuit de Trump cuesta dinero a los tenedores de papel a largo plazo”.
Cuando la fed se queda fuera de juego
Trump no quiere esperar a que Jerome Powell baje tipos. Su equipo estudia comprar masivamente valores respaldados por hipotecas (MBS) para forzar la caída de tipos hipotecarios sin pasar por el banco central. Cantrell lo llama “coacción de tipos en mercado abierto”. La jugada, si se confirma, exprimiría aún más la ya maltrecha hoja del balance de la Reserva Federal y arrastraría al Tesoro a subastas más caras.
El agujero fiscal es otro misil dirigido al mercado de bonos. Los recortes impositivos y el gasto adicional suman 4,1 billones de dólares de déficit en la próxima década. Para colmar esa sed de financiación, el Departamento del Tesoro tendrá que pagar más interés. “Cuanto más grande sea la deuda, más alta será la tasa que exijan los inversores para compensar el riesgo”, advierte Cantrell. La cuenta la pagarán, tarde o temprano, los contribuyentes y los fondos de pensiones que abarrotan carteras con deuda pública.

El exilio de los bonos gringos en europa
La diplomacia de tweet tiene efectos secundarios. Bancos centrales europeos ya desprendieron 23.000 millones en letras del Tesoro durante el último trimestre de 2025, segón datos de Bloomberg. El temor: sanciones repentinas, confiscaciones o simple mala fe. “Cada vez que Trump menciona Groenlandia, un banco alemán vende bonos a 10 años”, ironiza un operador en Londres. La pérdida de apetito internacional obligará al Tesoro a endeudarse a tipos aún más altos.
El resultado es un círculo vicioso: más déficit, más emisión, menos demanda externa, más rentabilidad exigida, más coste para el contribuyente. El bono que antes servía de ancla de portafolio se convierte en una apuesta política. Quienes compraron deuda a 30 años al 3 % ahora ven cónde el rendimiento roza el 5,5 % y el valor de mercado de sus títulos se desmorona.
La moraleja es clara: en este tablero, el “riesgo cero” ya no existe. El inversor que quiera dormir tranquilo deberá diversificar, acortar vencimientos o cobrar un premio por el riesgo que antes regalaba el Tesoro. El precio de la seguridad acaba de subir, y Trump no acepta cheques en blanco.