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Wall street resucita dos 'cadáveres' del cloud que nadie quería tocar

El cloud lleva meses en el trastero de la moda bursátil: ventas disparadas, acciones desplomadas. La historia se repite: clientes pidiendo más servidores, proveedores sin chips ni cemento para construirlos y un montón de dinero volando hacia instalaciones de inteligencia artificial que, de momento, solo generan humo. Dos sellos vuelven a sonar este abril: Arm Holdings y CrowdStrike. Los analistas que los habían dado por muertos ahora ven un 45 % y un 33 % de potencial. ¿Fanfarria o negocio real?

La trampa del crecimiento a cualquier precio

Los números son brutales. El cloud crece a doble dígito cada trimestre, pero las acciones se desinflaron tras años de cotizar como si el dinero fuera gratis. La culpa no es solo la sobrevaloración: muchas compañías están vendiendo más de lo que pueden digerir. Saturan los data centers, ven cómo se escapan beneficios y, para colmo, despliegan capex récord en GPUs y racks que tardarán años en rendir. El mercado, poco dado a la paciencia, castiga. El free cash flow se esfuma y los márgenes se comprimen hasta dejar la cuenta de resultados como un pañuelo de papel mojado.

La solución pasa por cobrar más o gastar menos. Arm ha elegido cobrar. Mucho más.

Arm se baja del asfalto y fabrica sus propias balas

Arm se baja del asfalto y fabrica sus propias balas

Hasta ahora Arm vendía planos. Su diseño RISC domina el móvil y empieza a meter miedo en los servidores. Pero los royalties se estancan. La jugada: lanzar su propio CPU, la Arm AGI, pensada para la inteligencia artificial autónoma que se auto-programa. Meta, OpenAI y un puñado de operadores coreanos ya han firmado. La compañía promete que el chip facturará 15 000 millones de dólares anuales en 2031 y elevará la cifra total de ingresos hasta los 25 000 millones. Hoy apenas roza 5 000. El consejero delegado se lo cree: proyecta un EPS de 9 $ cuando hoy anda cerca de 1,3.

Needham, que llevaba treinta meses mirando desde la acera, ha entrado con target 200 $. La cotización ronda 138 $. El PER forward, 61, sigue siendo de riesgo, pero ahora hay una historia que explique múltiplos de biofarma en una empresa que fabrica silicio.

Crowdstrike vende antivirus y acaba vendiendo inteligencia

Crowdstrike vende antivirus y acaba vendiendo inteligencia

Mientras los fabricantes de hardware pelean por margen, CrowdStrike gana licencias. Su plataforma Flex permite al cliente montarse su propio paquete de ciberseguridad como quien arma un bocadillo. El ARR de Flex saltó un 120 % en el último trimestre. Morgan Stanley, que ya veía caro el papel a 487 $, lo encarece hasta 510 $ y asegura que la firma creerá un 20 % anual los próximos años. El argumento: el ecosistema Charlotte AI convierte a los clientes en desarrolladores de sus propios agentes de seguridad. Amazon, Nvidia y Deloitte ya pagan por la licencia de construcción.

La acción cotiza a 84 veces beneficios futuros. Carísima, sí, pero la alternativa para muchos directores de TI es seguir pagando rescates a hackers rusos. El mercado paga lo que sea por dormir tranquilo.

El precio de la fe

El precio de la fe

Los dos casos comparten ADN: crecimiento a base de promesas y márgenes que se defienden con historias de plataforma, no de producto. Arm se inventa un nuevo mercado de chips propios; CrowdStrike vende la receta para que cada empresa se cocine su propio antivirus. Ambas apuestas exigen creer que el gasto en AI no es una locura, sino la entrada a un club que muy pocos integrarán.

En Bolsa la fe se mide en múltiplos. 61 y 84 son cifras de evangelistas. Si los números fallan, el castigo será ejemplar. Pero si aciertan, quienes ahora dudan pagarán el triple por la misma historia. La última vez que Wall Street apostó así fuerte fue con Tesla en 2019. Algunos se rieron. Otros se compraron un yate.