Wall street se hunde: el dow entra en corrección y el petróleo supera los 100 dólares

El viernes fue un baño de sangre en Wall Street. El Dow Jones entró en territorio de corrección —más de un 10% por debajo de su máximo histórico— mientras el petróleo Brent superaba los 106 dólares por barril y los inversores tiraban de todo lo que tuvieran en cartera para reducir riesgo. El S&P 500 acumuló su quinta semana consecutiva de pérdidas, la racha más larga desde 2022. El Nasdaq cayó un 2,1%, hundiéndose aún más en corrección. Y los llamados Magnificent Seven —ese club de gigantes tecnológicos que durante años pareció inmune a cualquier turbulencia— evaporaron más de 330.000 millones de dólares en capitalización bursátil en una sola jornada.

La guerra en irán no da tregua a los mercados

El conflicto en Oriente Medio sigue siendo el motor de todo este caos. Los ataques continuaron durante la semana, y la interrupción del tráfico en el Estrecho de Ormuz ha disparado los precios del crudo a niveles que muchos analistas consideraban impensables hace apenas un mes. Trump amplió su ultimátum a Irán diez días más, fijando el 6 de abril como nueva fecha límite para que Teherán cumpla las exigencias estadounidenses o se enfrente a bombardeos sobre sus plantas eléctricas. Un gesto que algunos leen como una puerta entreabierta hacia la desescalada. Pero los mercados, por ahora, no se lo creen.

El banco australiano Macquarie Group lo puso en números: si la guerra se extiende hasta finales de junio, el Brent podría escalar hasta los 200 dólares por barril, lo que llevaría la gasolina en Estados Unidos a cerca de 7 dólares el galón. Sus estrategas asignan un 40% de probabilidad a ese escenario. Brutal.

La fed ya no va a recortar tipos: eso lo cambia todo

La fed ya no va a recortar tipos: eso lo cambia todo

Hay un giro que lo explica casi todo. Durante meses, el mercado descontaba que la Reserva Federal recortaría tipos en 2026. Esa narrativa está muerta. Con el Brent por encima de los 100 dólares, la inflación vuelve a acechar, y la Fed no tiene margen para relajar la política monetaria. El rendimiento del bono del Tesoro a 10 años tocó el 4,46% el viernes, su nivel más alto desde julio, mientras el de 2 años escalaba hasta el 4%, unos 50 puntos básicos por encima de donde estaba a finales de febrero.

El vicepresidente de la Fed, Philip Jefferson, dejó caer que el banco central está vigilando la situación y que los tipos se mantendrán donde están. Jerome Powell ya sonó hawkish tras la reunión de marzo. Y el gobernador Christopher Waller, según el economista de Bank of America Aditya Bhave, «sonó muy preocupado por el disparo del petróleo». La lectura del mercado es clara: no habrá bajadas de tipos este año. Y eso golpea especialmente a las tecnológicas, cuyas valoraciones dependen de un entorno de tipos bajos.

Big tech, bajo el fuego cruzado del petróleo y la inteligencia artificial

Nvidia, Amazon y Tesla cayeron con fuerza. Meta extendió las pérdidas del jueves, después de que un tribunal emitiera un fallo histórico contra la compañía por adicción a las redes sociales. Pero hay algo más profundo detrás del hundimiento del sector tecnológico, algo que va más allá del petróleo.

El fantasma de la SaaSpocalypse —ese término que describe el riesgo de que los agentes de inteligencia artificial destruyan el modelo de negocio del software tradicional— volvió a cobrar protagonismo. El ETF de software iShares IGV cayó un 2,8%. Palo Alto Networks y CrowdStrike se desplomaron más de un 5% después de que se filtraran detalles del último modelo de Anthropic. Los contratos de software empresarial ya se están acortando: los clientes no quieren comprometerse a acuerdos plurianuales cuando la IA evoluciona a esta velocidad.

Microsoft está en el ojo del huracán. Su acción cae un 24% en lo que va de trimestre, camino de su peor trimestre desde el cuarto de 2008, cuando el mundo se desmoronaba con la crisis financiera global. Dos fuerzas la comprimen: la presión de los inversores para que justifique sus inversiones masivas en infraestructura de IA, y el miedo a que OpenAI y Anthropic acaben sustituyendo sus productos directamente.

Bitcoin a 65.000 dólares y el oro que no termina de remontar

El apetito por el riesgo se esfumó en todos los activos. Bitcoin cayó un 4%, hasta los 66.650 dólares, borrando casi todas las ganancias acumuladas desde el inicio del conflicto con Irán. El vencimiento de 14.000 millones de dólares en contratos de opciones obligó a muchos traders a deshacer posiciones. Iliya Kalchev, analista de Nexo Dispatch, lo resumió con frialdad: «Si el dólar sigue fortaleciéndose junto al petróleo y los rendimientos, el bitcoin puede quedarse anclado o seguir cayendo».

El oro rebotó un 3% el viernes, hasta los 4.540 dólares por onza, pero sigue encadenando su cuarta semana consecutiva de pérdidas. El estratega de Sprott, Paul Wong, lo atribuyó a un proceso de desapalancamiento forzado por liquidez, no a un cambio en los fundamentales. Dicho de otra forma: los inversores vendieron oro porque era lo más fácil de vender, no porque dejaran de creerle.

Carnival recorta previsiones y el dólar marca su mejor mes desde julio

La economía real también acusa el golpe. Carnival Corporation rebajó su previsión de beneficio para todo 2026, de 2,48 dólares por acción a 2,21, citando el impacto directo de los precios del combustible. Sus acciones cayeron cerca de un 4%. La naviera está calculando sus costes de combustible asumiendo que el Brent promediará 90 dólares hasta mayo, 85 en el tercer trimestre y 80 en el cuarto. Si Macquarie tiene razón, esas estimaciones se quedan cortas por mucho.

Mientras tanto, el dólar avanza hacia su mejor mes desde julio. Wall Street arrancó 2026 apostando por su debilidad, convencido de que la Fed seguiría bajando tipos. Esa apuesta está completamente deshecha. Con inflación al alza, tipos que no bajan y un conflicto geopolítico sin fecha de cierre, el dólar se ha convertido en el refugio de facto. Y eso, para el resto del mundo, tiene un precio que también se paga.