World foundation liquida 239 m de wld a precio de saldo: 97 % por debajo del máximo
La fundición que respalda el controvertido proyecto de escaneo ocular de Sam Altman acaba de pactar la venta más brutal de su historia: 239 millones de tokens WLD a 0,2719 dólares, un 97 % por debajo del máximo de 11,82 dólares que la cripto alcanzó en marzo de 2024. El traspaso, cerrado en el oscuro mercado OTC a través de la filial World Assets, supone ingresar 65 millones de dólares cuando, hace dos años, el mismo lote habría valido 270 millones. La sangría no es simbólica: es la liquidación de un activo que ya nadie quiere a precio de mercado.
Un descuento que huele a pánico institucional
Los compradores —cuatro fondos que prefieren no desvelar su identidad— han dividido el botín. Solo 25 millones de dólares, el 38 %, están sujetos a un candado de seis meses; el resto, 147 millones de tokens, puede salir a la venta en cuanto el contrato lo permita. La Fundación justifica la operación como "financiación de la infraestructura Orb", los costosos dispositivos de reconocimiento de iris que distribuye en el planeta. Pero la realidad es más prosaica: necesitaban caja y el mercado no daba más crédito.
La circulación actual de WLD ronda los 3 100 millones de tokens de un total programado de 10 000 millones. Con el desbloqueo de equipos e inversores extendido hasta julio de 2028, el techo de suministro se cierne como una losa. A precios de hoy, la capitalización se tambalea en los 852 millones; un desliz de 30 centavos bastaría para que los nuevos inversores ya estén en beneficios, mientras la Fundación sigue quemando su propio papel moneda.

El hardware que obliga a vender barato
Fabricar chips biométricos no entiende de ciclos bajistas. Cada Orb cuesta lo mismo en pleno crudo de 26 000 dólares que en un bull market. Por eso la Fundación prefiere tragar un descuento del 76 % antes que retrasar la producción: sin nuevos dispositivos no hay nuevos usuarios, y sin usuarios el protocolo colapsa. El problema es que el mercado ya no cree en la promesa de ingreso pasivo por prestar tu iris; lo que ve es un torrente de tokens sin compradores reales.
La última vez que la Fundación salió a buscar financiación, en 2024, colocó WLD a 1,13 dólares. La caída desde entonces no es solo ciclica: es la evidencia de que el modelo de crecimiento basado en regalar dinero por escanear caras ha tocado techo. Los fondos que ahora entran lo hacen con la calculadora en la mano: un rebote mínimo les devuelve el 10 % en semanas, mientras la Fundación se queda sin munición para el próximo invierno.
El mensaje es claro: cuando el dinero institucional solo accede a precio de remate, el proyecto deja de ser una utopía tecnológica para convertirse en un pasivo contingente. Altman puede seguir hablando de IA y soberana digital, pero sus bóvedas ya no aguantan otra estampida. La liquidación de hoy es la factura del futuro que llegó antes de lo previsto.