Amex conquista a los millennials: 75% de sus nuevos clientes vip tienen menos de 40 años

American Express ya no es la tarjeta del abuelo. El 75% de las altas del Platinum y del Gold en 2025 eran millennials o Gen Z, y el perfil medio del flamante titular Platinum tiene 33 tacos. La compañía ha logrado lo que ningún banco tradicional se atrevía a pronosticar: convertir el pago de 695 $ anuales en un símbolo de estatus para quienes aún pagan alquiler.

La receta secreta: cobrar caro y que te lo agradezcan

La fórmula es tan sencilla como demoledora: ofrecer acceso, no solo recompensas. Lounge en Dubai, mesa de un día para otro en el restaurante de moda, upgrade automático en el check-in. Resultado: 30 trimestres seguidos de crecimiento de dos dígitos en los ingresos por cuota neta, que ya rozan los 10.000 millones de dólares. El truco no está en retener al cliente, sino en que el cliente se jacte de pagar.

La mitad de la jugada se juega en Resy, la app de reservas que AmEx compró en 2019 y que ahora mueve colas de espera virtuales en Nueva York, Londres y Madrid. Quien paga la suscripción Platinum no pide descuento; pide mesa. Y la consigue.

El siguiente cliente será un bot

El siguiente cliente será un bot

Mientras la banca se pregunta si el chatbot reduce costes, AmEx ya factura con ellos. Su asistente interno de código acelera el trabajo de 11.000 ingenieros y elimina el 30% del tiempo de desarrollo. Pero la apuestareal es la compra autónoma: sistemas de IA que reservan, comparan y gastan sin pulsar pantalla. Squeri lo bautiza como agentic AI y compara su impacto con el salto del papel al móvil. Traducción: dentro de cinco años tu avatar digital podría tener un límite de crédito mayor que tú.

La compañía ya ensaya estos agents en viajes y ofertas personalizadas. El paso lógico será que el bot negocie sus propios puntos Membership Rewards mientras tú duermes.

Wall Street no ha descontado aún este filón. El PER de AmEx se mueve en el entorno de 16, muy por debajo del 25 que paga por cualquier fintech con dos PowerPoint y un logo fosforito. La razón: los inversores siguen viendo a AmEx como la empresa de los viajes de negocios de los 90, no como la factoría de datos que alimenta al consumidor del 30. La brecha es oportunidad.

El mensaje de Squeri a los accionistas es claro: el crecimiento ya no viene del ejecutivo que paga con Centurion en el lounge de Hong Kong. Viene del tiktoker que se graba pagando el Gold en un brunch de Brooklyn. Y, muy pronto, del algoritmo que paga por él mientras graba el siguiente video.