Entré en nvidia cuando todos dicen que es tarde: la factura que me hizo cambiar de bando
Treinta años invirtiendo en crecimiento y nunca había comprado ni una acción de Nvidia. Hasta la semana pasada. Ahora soy accionista y ya me han llamado tarde, rebotador, el Ted McGinley de la bolsa. Me importa un comino. El dato que callan los que se bajan del barco: la compañía acaba de anotar su mayor salto de ingresos en doce meses, un 73 % interanual, y cotiza 21 % por debajo de su máximo. Eso no huele a final de fiesta, huele a despegue silencioso.
Por qué la fiesta de la ia no ha hecho ni el 20 % de su recorrido
La televisión, el PC y el smartphone también generaron pánico moral antes de multiplicar diez veces la productividad global. La inteligencia artificial acaba de empezar ese ciclo y el pastel de los semiconductores se lo reparten hoy cuatro jugadores: Nvidia, AMD, Broadcom y el resto mirando desde la grada. Mientras Beijing impulse a su ejército de fabless locales, la empresa de Jensen Huang sigue vendiendo cada GPU con más margen que el anterior: 71 % de beneficio bruto, récord del sector. Si alguien va a arrebatle la corona, lo sabremos de inmediato: los números gritan antes que los titulares.
¿Caro? La acción cambia de manos a 34 veces beneficios de los últimos cuatro trimestres. Parece mucho hasta que miras hacia adelante: 20 veces los beneficios estimados para este año fiscal y 15 veces los del siguiente. Traduzco: puede subir un 70 % en doce meses y aún así estar más barata que hace seis años. La última vez que ocurrió fue en 2016, justo antes de la locura de los data centers. Los analistas llevan tres meses recortando 'targets'… para luego subirlos más. El consenso se mueve como el avestruz que corre sin mirar atrás.

El truco que no sale en los gráficos de bloomberg
Compré cuando el título se desinfló un 21 % desde su máximo de marzo. No fue un timing milagroso, fue pura paciencia. La mayor parte de los inversores retail entraron en 2021 a 210 dólares y se desesperan porque 'sólo' está a 165. Lo que no ven es que el beneficio por acción se ha triplicado desde entonces. El mercado castiga la valoración pasada, pero regala la futura. Por eso los fondos de Silicon Valley siguen acumulando cada caída de 5 % como quien atesora agua en el desierto.
El riesgo China, los controles de exportación, los rumores de chips alternativos… todo forma parte del ruido cotidiano. La cifra que importa: 15 000 millones de dólares en compras comprometidas de clientes que ya firmaron contratos multianuales. Eso es dinero que entrará haya guerra comercial o no. La empresa no vende sueños, vende capacidad de procesamiento con fecha de entrega y penalización por cancelación.
¿Será un 'twelve-bagger' en los próximos cinco años? Improbable. ¿Puede batir al S&P 500 por un margen holgado? Apuesto a que sí. Y si me equivoco, la pérdida estará custodiada por un flujo de caja que ya supera el PIB de media docena de países. No es un meme, es un banco de silicio que cobra intereses cada vez que alguien pregunta a ChatGPT.
La próxima vez que escuchen que 'es tarde', recuerden este dato: cuando Cisco tocó su máximo en 2000 llevaba un P/E de 200. Nvidia acaricia 20. El ciclo no está repitiendo, está acelerando. Y yo, que me pasé treinta años sin tocarla, prefiero subirme ahora que quedarme en el andén viendo cómo el tren pasa otra vez. La factura por quedarse fuera duele más que la de entrar tarde.