Shein redefine la moda circular: menos redes, más clientes

Shein ha pasado de prometer un rediseño sistémico a justificar que sus compradores ya son casi eco. Su informe de circularidad 2025, elaborado con 15.500 encuestas en 21 países, asegura que sus clientes compran “con moderación” y repiten prendas hasta 50 veces. El dato suena bien, pero oculta un trasfondo: la empresa no revisa ni un gramo de la producción que alimenta su logística.

La compañía china, que factura vendiendo tops a 5 dólares en tiempo récord, insiste ahora en que la clave no es cambiar hábitos, sino adaptarse a ellos. “La circularidad escala si los sistemas encajan con la vida cotidiana”, reza el estudio. Traducción: no tocaremos el modelo, pediremos a los usuarios que devuelvan la ropa cuando se aburran.

Una encuesta que no mide lo que parece

El informe confiesa entre líneas su propio techo: solo entrevistó al 0,017% de sus 88,8 millones de compradores activos. Además, pregunta por la frecuencia de uso, no por el destino final. Arif Gasilov, socio de Gasilov Group, lo resume así: “Llevar una camiseta 50 veces antes de tirarla no es circular, es consumo lineal a cámara lenta”.

La distorsión metodológica convierte el ejercicio en una encuesta de satisfacción disfrazada. El informe de impacto 2024 de Shein reveló que sus emisiones de transporte superaron los 8,5 millones de toneladas de CO₂e, un 13,7% más que el año anterior. Ahora, ni una mención a ese salto.

La industria ya no traga el argumento

La industria ya no traga el argumento

Amanda Jane Valentine, que pasó por Marc Jacobs antes de asesorar marcas éticas, califica el documento de “escudo humano”. “Prefieren hablar de cómo visten sus clientes antes que de cuánto fabrican, cuánto agua gastan y cuánta rota acaba en vertedero”, afirma. Su colega Disney Petit, fundadora de LiquiDonate, acepta una sola lectura útil: “Confirma que la Gen Z quiere opciones reales de reutilización, pero también que la marca no ha movido ficha en la cadena de valor”.

Shein compite en velocidad con H&M y Zara, pero no en transparencia. Mientras estos últimos publican listas de fábricas y pilotan programas de recogida, Shein se limita a festivales pop-up y cajas de reciclaje que aún no llegan a la mitad de sus mercados.

El mensaje es claro: la circularidad no se premia por buenas intenciones, sino por kilos de algodón que regresan a la fibra, por litros de tinta que no llegan al río, por prendas que duran cinco años, no cinco semanas. Shein tiene los datos para cambiar de modelo; elige usar los datos para justificar el actual. La pregunta ya no es si sus clientes repiten camiseta, sino si la empresa está dispuesta a repetir pregunta: ¿cuánta ropa dejará de producir mañana?