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3I desenchufa tcr y mete 300 m en un mina de datos en noruega

3i Infrastructure acaba de cerrar la venta de TCR, la mayor operación de su historia, y el timbre de caja suena distinto: 1.100 millones de euros que le entran de golpe y porrazo, un 50 % por encima del valor que le daba hace apenas unos meses. Diez años atrás apostó por un negocio de equipos en aeropuertos que hoy le devuelve 3,5 veces lo invertido y un 19 % anual de rentabilidad. La factura está pagada.

La mina noruega que enfria con fiordo

Pero no hay tiempo para el pacharán. El mismo día que despide a TCR, 3i firma el cheque más gordo del año: 300 millones por el control absoluto del datacenter Lefdal Mine, un exfilón de granito a orillas del fiordo de Måløy que ahora alberga servidores en lugar de mineral. El truco está en el agua helada: entra por tuberías, se come el calor de los chips y sale sin calentar el planeta. El parque ya mueve 80 MW, todo vendido bajo contratos blindados de diez años con bancos, universidades y agencias públicas, y la red eléctrica verde noruega garantiza que cada kilovatio es, literalmente, fiordo puro.

La mina tiene cinco pisos más que nadie ha pisado. Conectar otros 40 MW es cuestión de meses; llegar a 200, de permisos y un poco de cable extra. La dirección ya avisa: el negocio será «materialmente accretive», palabra de los CFOs que quiere decir que la pasta crece más rápido que la inflación.

Deutsche glasfaser tira del tapete y 3i pierde la apuesta alemana

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No todo olía a fiordo. En la misma presentación, 3i reconoció que su participación en DNS:NET —la fibra alemana que prometía cablear hogares del país más rico de Europa— vale cero euros. El crédito se evaporó cuando Deutsche Glasfaser, otro desplegador, entró en concurso y los bancos cerraron el grifo. El proyecto quedó a medio construir, la deuda supera al activo y los accionistas, 3i incluida, se quedan sin paño. El consejo negocia con los prestamistas para evitar males mayores, pero el mensaje es claro: la infraestructura no protege contra una mala lectura del mercado.

La moraleja: hasta los activos regulados pueden pincharse si el financista se esfuma. 3i, que presume de deuda fija y coberturas a largo plazo, acaba de recibir un sopapo en su propia cara. Quedan 200 millones de libras en caja después de pagar la línea de crédito y cargar la cartera. El dividendo, eso sí, sube un 6,3 % y se pagará íntegro. En tiempos de bonos al 4 %, hay que conservar a los accionistas como sea.