Ariel focus se tambalea en la recta final y mosaic la hunde
El último trimestre de 2025 dejó a Ariel Focus Fund con una herida pequeña pero visible: –0,50 % mientras el S&P 500 se fugaba con un +2,66 % y el Russell 1000 Value cerraba el año incluso mejor con +3,81 %. La brecha no es gigante, pero duele en la cara de un fondo que durante los doce meses previos había batido a ambos índices con un +20,97 % anual.
El talón de mosaic
La mayor muesca en el resultado viene de The Mosaic Company. La productora de fertilizantes de fosfato y potasa presentó resultados mixtos y un guión de dirección que sonó a lamento: precios más altos, sí, pero volúmenes en picada y costos que trepan sin freno. En 30 dacas el papel se dejó llevar un –6,65 % y cerró marzo de 2026 en 25 dólares, con una capitalización que apenas supera los 7.900 millones.
Ariel no se desprendió. Añadió más títulos de un proveedor de seguridad digital y se negó a vender ni un lote de Mosaic. La apuesta es clara: creen que el mercado de fosfato seguirá ajustado porque no hay nueva oferta en el horizonte y la empresa sigue generando caja, comprando acciones y manteniendo grado de inversión.

La trampa que viene
El equipo de Chicago advierte que el peligro mayor ya no es la guerra comercial ni la inflación, sino la concentración. Pocos nombres arrastran al índice y lo hacen a precios que ya no descontaron beneficios futuros: los descontaron récords perpetuos. Ariel cree que la dispersión va a estallar y ahí aparecerán las gangas: empresas con balance blindado, ventajas competitivas que no se ven en el primer pantallazo y flujo de caja que sobreviva a cualquier recesión.
El mensaje es duro: el año fue bueno, pero el último trimestre avisa que la fiesta de los grandes se acerca a su fin. Los que no quieran bailar cerca de la salida, empiezan a mirar las small y mid caps que nadie quiere hoy. Mosaic es una de esas apuestas incómodas: sucia, volátil y necesaria. Ariel apuesta a que la soja y el trigo seguirán pidiendo fertilizante aunque la IA robe titulares. El tiempo, y los campos de EE. UU. y Brasil, dirán si la jugada fue genio o masoquismo.