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Bitfarms entierra el bitcoin y nace keel: 2,2 gw para domar la fiebre de la ia

En la madrugada de este jueves, Bitfarms dejará de existir. El 'mining' canadiense que cotiza en Nasdaq se disuelve y mañana amanece como Keel Infrastructure, decidida a olvidar los ASIC y convertir cada megavatio en alquiler puro para los hiperscalers que devoran chips de inteligencia artificial.

La ruptura definitiva con el bitcoin

Ben Gagnon, CEO de la operación, lo dejó claro ante los analistas: «Hemos dejado de minar. Ni un dólar más a rigs. Somos una compañía de infraestructura energética 100 % norteamericana». Las palabras suenan a epitafio para los 2.500 BTC que aún custodian «sin gravámenes» y que serán vendidos «con disciplina» para financiar el salto. La frontera psicológica: 40 ºN. «No hay un solo sitio por debajo de esa latitud», subrayó, para justificar la eficiencia climática de sus futuros recintos.

El portafolio que hereda Keel ya impresiona: 2,2 GW repartidos entre Pensilvania, Quebec y Washington. El grueso, en el corredor Este. Panther Creek, a tres horas de Nueva York y Filadelfia, suma 350 MW hoy y puede dispararse hasta los 500 MW. Más al oeste, Scrubgrass tiene permisos en trámite para 750 MW con FirstEnergy y estudios de carga que, de cerrarse, dispararían la capacidad hasta el gigavatio. La compañía ya negocia 550 MW adicionales de generación propia con gas natural.

De minar bloques a alquilar racks

De minar bloques a alquilar racks

El cambio de modelo es absoluto. Keel no competirá en la nube; alquilará suelo, energía y refrigeración a quienes sí lo hagan. «Construiremos y pondremos en marcha; ellos pagarán por metro cuadrado y megavatio», sintetizó Gagnon. El timing es brutal: 2026, año de firmar contratos; 2027, año de encender los primeros campus. Moses Lake (Washington) será la punta de lanza en la primera mitad de 2025, seguido por Sharon y Panther Creek en la segunda.

La deuda no espanta a los inversores. Jonathan, el CFO, prometió «no tocar los mercados de capital». El truco: hipotecar los flujos futuros con arrendadores de grado inversión o avales crediticios que blindan el riesgo. «No pediremos cheques a los accionistas», insistió. Ni siquiera los gastos de desarrollo inicial los asumirán solos: los futuros inquilinos aportarán equipos de largo ciclo de entrega según diseño.

El latido de la latencia

El latido de la latencia

Gagnon conoce la obsesión del cliente: proximidad para 'inference', tolerancia para 'training'. Por eso presume ubicaciones frías y cercanas a grandes áreas metropolitanas. Panther Creek, a 250 km de Manhattan, se vende como el lugar ideal para servicios en tiempo real. El discurso convence: en nueve meses han pasado de la hoja de ruta a la mesa de contratos.

Aún queda cola de BTC que deshacer. Pero la intención es clara: liquidar cada satoshi en rallys para reinvertir en tuberías de gas, subestaciones y salas blancas. El minero de ayer muere para que nazca el landlord de la IA. Keel ya no busca hash, soca llave de entrada a sus 'data halls' y cobra por el kWh que ya no consumirá ningún Antminer.

Mañana, cuando el timbre de Nasdaq suene, BITF desaparecerá del ticket. En su lugar, Keel Infrastructure escribirá el primer capítulo de una historia que no habla de criptomonedas, sino de megavatios que alimentarán los modelos que redactarán el futuro. Y, de paso, a los accionistas que llegaron por el bitcoin, les regala un dividendo invisible: no depender ya de la volatilidad de un activo que nunca duerme.