Boeing: ¿puede un nuevo avión salvarlo de la tormenta?

La sombra del 737 MAX acecha a Boeing. La aerolínea, una vez gigante indiscutible de la aviación, enfrenta una encrucijada financiera que podría comprometer su ambicioso plan de futuro: el desarrollo de un nuevo avión de pasajeros. La promesa incumplida de rentabilidad del 737 MAX, sumada a problemas de calidad y una ejecución deficiente en su división de defensa, ha dejado a la compañía al borde del precipicio.

La pesada losa del 737 max

El 737 MAX, que debutó en 2017, no ha cumplido con las expectativas de rentabilidad que la dirección de Boeing esperaba. Los fallos de seguridad que llevaron a su suspensión de vuelo y las posteriores consecuencias legales y de reputación han dejado una cicatriz profunda en las cuentas de la compañía. El impacto de la pandemia de COVID-19, con sus restricciones de viaje, no hizo más que agravar la situación.

Kelly Ortberg, el nuevo CEO de Boeing, lo reconoció en su primera llamada de resultados en octubre de 2024: “En el momento adecuado, necesitamos desarrollar un nuevo avión, pero tenemos mucho trabajo por delante”. La referencia, casi segura, apunta a un nuevo avión de fuselaje estrecho para sustituir al 737 MAX, un proyecto que, según estimaciones previas del ex CEO Dave Calhoun, podría alcanzar los 50.000 millones de dólares.

Pero la pregunta clave es: ¿tiene Boeing el aliento suficiente para afrontar semejante inversión? Según el consenso de los analistas de Wall Street, la compañía se espera que mantenga una deuda neta de 5.900 millones de dólares en 2028, incluso con la esperada recuperación del flujo de caja libre entre 2026 y 2028. La cifra habla por sí sola: la deuda acumulada durante los años de suspensión del 737 MAX y el golpe asestado por la pandemia aún pesa sobre la balanza.

Un último recurso: la emisión de acciones

Un último recurso: la emisión de acciones

Boeing cuenta con un activo considerable: un backlog de pedidos de 682.000 millones de dólares, más de 560.000 millones en la división de aviones comerciales. Este sólido cimiento le permite recurrir a opciones como la emisión de deuda o la venta de acciones, como hizo en 2024, recaudando 24.300 millones de dólares. Sin embargo, cada nueva emisión diluye las reclamaciones de los accionistas existentes sobre las futuras ganancias y flujos de caja.

La incertidumbre se cierne sobre el horizonte, especialmente teniendo en cuenta que la previsión de los analistas no contempla posibles sorpresas en la próxima década, periodo crucial para el desarrollo del nuevo avión. La cifra de 50.000 millones de dólares es enorme, y los inversores deben considerar el riesgo de una mayor dilución o endeudamiento, dado que el ciclo actual de generación de efectivo del 737 MAX no ha cumplido con las expectativas.

¿Debería apostarse por Boeing ahora? El equipo de analistas de The Motley Fool, a pesar de su optimismo general, no ha incluido a Boeing en su lista de las 10 mejores acciones para comprar en este momento. Un dato que, aunque no definitivo, invita a la cautela. Mientras Netflix, en 2004, ofrecía un retorno del 532%, y Nvidia en 2005 un asombroso 1.087%, Boeing se queda fuera del radar de los expertos, al menos por ahora.

Las turbulencias en Boeing son evidentes, y la compañía se enfrenta a un desafío crucial: demostrar que puede recuperar la confianza de los inversores y financiar su futuro. El desarrollo de un nuevo avión es una apuesta arriesgada, pero quizás la única opción para evitar que el gigante de la aviación se hunda aún más.