negocios

Boeing se agarra a un contrato militar mientras nasa le recorta alas en la carrera lunar

El gigante aeroespencial acaba de sellar 326 millones de dólares con el Ejército de EE.UU. para seis helicópteros CH-47F Block II, pero en la NASA le están quitando protagonismo a su SLS frente al Starship de SpaceX. La doble vara de la suerte: contratazo terrestre y desplome cósmico.

El contrato que boeing no podía perder

La partida llegó el 26 de marzo: una licitación online con una sola oferta y un plazo de ejecución que se alarga hasta el 31 de agosto de 2031. Los seis Chinook remanufacturados suponen oxígeno para la división de defensa, castigada por los retrasos del 777-9 y la crisis de los MAX. El Army Contracting Command controlará cada orden de trabajo y cada desembolso. La firma, claro, lo celebró en silencio: ni comunicado ni guiño a los inversores. El dinero habla por sí solo.

Dos días después el 777-9 recibió el visto bueno de la FAA para la cuarta fase de certificación. El avión más grande de la historia de Boeing lleva ocho años de retraso y 6.000 millones de dólares en sobrecostes. Cada paso hacia la homologación es un respiro, pero el mercado ya no se fía de los plazos oficiales.

Nasa revierte la misión y deja a sls en órbita baja

Nasa revierte la misión y deja a sls en órbita baja

El 19 de marzo la agencia espacial confirmó lo que los ingenieros murmuraban desde hace meses: el Orión no llegará al lunar montado sobre el SLS. El gigante de 4.000 toneladas de Boeing solo servirá para colocar la cápsula en órbita terrestre; de ahí la tripulación saltará al Starship de SpaceX, que sí tocará la Luna. Traducción: menos horas de vuelo para el SLS, menos piezas de recambio, menos presupuesto para Boeing.

La noticia cayó como un misil en Wall Street. El título de BA, que había tocado los 180 dólares en enero, se desinfló un 7 % en tres sesiones. Los fondos que apostaban por un flujo de caja constante del SLS ahora recalculan modelos. La guerra comercial por el satélite ya no la gana Boeing.

La compañía sigue viva gracias al negocio militar y a los contratos de servicio, pero la parte comercial –donde están los márgenes gordos– sigue en dique seco. Mientras tanto, SpaceX cobra 3.000 millones por cada misión lunar y se ríe de los costes por unidad. La NASA, en su afán de ahorrar, ha convertido al SLS en un taxi orbital de lujo sin destino final.

Para el inversor medio que Robinhood atrae con cromos gratis, Boeing sigue siendo un valor de ciclo largo. Pero lo que nadie cuenta es que el ciclo se está acortando por arriba y por abajo: menos aviones nuevos y menos misiones espaciales. La próxima cuenta de resultados podría mostrar cómo 326 millones no alcanzan para tapar un agujero cósmico.