Broadcom se come la fiebre de la ia: $100.000 millones en chips para 2027
Broadcom ya no es un proveedor de silicio más. Es la aorta del nuevo imperio de la inteligencia artificial. Mientras otros fabricantes discuten cuotas de mercado, la compañía acaba de anunciar que su negocio de semiconductores para IA se duplicó y medio en tres meses: $8.400 millones en el primer trimestre fiscal, un alza del 106 % interanual.
El salto de gigawatts que nadie contó
Detrás de la cifra hay un detalle demoledor: seis hiperscalers —nombres que Broadcom prefiere no desvelar— han encargado chips personalizados (XPUs) con hoja de ruta garantizada hasta 2028 y ambición de escalar a gigawatts de capacidad computacional. No hablamos de prototipos de laboratorio; hablamos de racks ya prendidos en data centers que entrenan y sirven modelos en tiempo real.
La red, esa gran olvidada, se vuelve protagonista. Los switch y adaptadores de Broadcom ya mueven un tercio del dinero que genera la división AI. La empresa prevé que esa proporción roce el 40 % en el segundo trimestre. Cuando la velocidad de inferencia decide quién gana o pierde en la guerra de los modelos, dominar el cableado es tan rentable como dominar la GPU.
El efecto se filtra hasta la línea de fondo. Los ingresos totales treparon al récord de $19.300 millones, y el beneficio neto alcanzó los $7.300 millones, un 34 % más que hace un año. La letra pequeña: margen bruto del 65 %. En hardware, eso es casi un lujazo.

Por qué $3 billones dejan de parecer ciencia ficción
Wall Street baraja $104.700 millones de facturación para 2026 y $155.600 millones para 2027. Aunque la acción cotiza a 22 veces ventas —nada barato—, con solo volver al múltiplio medio de los últimos tres años (18,8×) la capitalización rozaría los $2,9 billones. O lo que es lo mismo: a tiro de piedra del club de los tres comas, hoy habitado solo por Apple y Microsoft.
El activo más valioso no es la tecnología; es la visibilidad. Mientras el resto del sector adivina cuánto durará el boom, Broadcom ya ha sellado los pedidos de silicio que entregará hasta 2028. En un entorno donde la incertidumbre se paga cara, tener la agenda llena equivale a poseer una licencia para imprimir dinero.
La moraleja se escribe sola: cuando la inteligencia artificial deje de ser noticia para convertirse en electricidad cotidiana, quienes controlan la infraestructura —y cobran por cada watt que la atraviesa— habrán ganado la partida. Broadcom acaba de enseñar sus cartas, y son todas figuras.
