Claude ya no necesita tu ratón y el pastel del software se achica

Anthropic acaba de enseñar a su modelo abrir Excel, rellenar celdas y enviar el archivo por correo sin que un humano toque teclado. Wall Street no ha esperado al siguiente capítulo: vendió. En 48 horas, los índices de software perdieron 26.000 millones de capitalización y dos viejos gigantes —HP e Intel— quedaron en la lona, víctimas de una guerra que ya no se pelea con chips más rápidos sino con agentes que borran la frontera entre usuario y aplicación.

El gesto que desató el pánico

Fue un demo de tres minutos. Un empleado de Anthropic escribió: «Claude, revisa las facturas de septiembre y crea un informe para Finanzas». El modelo abrió la carpeta, lanzó Sheets, cruzó datos, calculó tasas de impago y devolvió un PDF firmado. El auditorio guardó silencio; los algoritmos de trading no. Al cierre, Salesforce perdió un 7 %, Adobe un 5 % y la media del sector se hundió 3,4 %, la peor jornada desde la crisis de Silicon Valley Bank. El mensaje es brutal: si la interfaz se vuelve invisible, la licencia anual que cobran por ella deja de tener sentido.

La segunda bomba llegó de la mano de Amazon. Según tres empleados de AWS que hablaron bajo anonimato, la división cloud prepara 2.000 «representantes virtuales» que cerrarán contratos y resolverán incidencias técnicas sin intervención humana. La cifra habla por sí sola: cada agente sustituye a cinco comerciales. La plantilla de ventas directas de la compañía ronda los 12.000 empleados. Hagan la cuenta.

Hp: un barco con lastre de papel

Hp: un barco con lastre de papel

Mientras los márgenes del software se desploman, HP sigue atada a una cadena de 17.700 millones de dólares en inventarios de PCs e impresoras. Su valor bursátil, 17.700 millones también, es la metáfora perfecta: el mercado solo le da el valor de lo que tiene en la nave, nada de futuro. El año fiscal 2026 pinta sangre: la compañía guía ahora sus beneficios en el extremo bajo del rango, 2,90 dólares por acción, un 9 % menos que en 2025. El margen bronceado del 19,6 % se achica cada trimestre porque la memoria que necesita para sus “AI PCs” cuesta un 40 % más que la DDR4 que montaban los portátiles de 2019.

En Palo Alto lo saben. Por eso anunciaron un plan de despidos encubierto: 4.000 trabajadores han aceptado voluntariamente “salidas incentivadas” antes del verano. La ironía es que la AI que destrona al PC también necesita uno para ejecutarse, pero HP no tiene monopolio de esa demanda; la tiene Lenovo, Dell y un ejército de ensambladores chinos que fabrican sin marca.

Intel: el gigante que se ahoga en su propia fábrica

El año pasado, Pat Gelsinger prometió que Intel regresaría al trono de los semiconductores. Los inversores le creyeron: el valor se disparó un 82 %. Hoy la acción cotiza a 853 veces beneficios futuros, un múltiple que solo se justifica si crees que el mundo va a comprar Xeons hasta 2035. Pero el mundo ya no compra CPUs; compra servicios que ni sabe dónde se ejecutan. Y cuando necesitan silicio, acuden a TSMC, no a Arizona.

La cuenta de resultados del cuarto trimestre lo deja claro: ingresos planos, 52.900 millones, y un free cash flow negativo de 1.400 millones. Intel sigue perdiendo 120 millones de dólares a la semana mientras construye fábricas que no entrarán en producción hasta 2027. Para entonces, los agentes de Anthropic ya habrán aprendido a diseñar chips, probarlos y encargarlos sin pasar por humanos. La pregunta no es si Intel sobrevivirá, sino cuántas plantas tendrá que regalar al gobierno para seguir viva.

El último recurso: convertirse en lo que desmontan

Tanto HP como Intel han anunciado “marketplaces de agentes” para que sus clientes compren inteligencia como quien compra tinta o un procesador. El gesto huele a desesperación: si no puedes vender el hardware, vende el sustituto. Pero los márgenes de una transacción de AI rondan el 3 %, frente al 18 % que HP ganaba vendiendo cartuchos o el 60 % que Intel facturaba con sus Xeons de gama alta. Recortar plantilla y subir dividendos ya no basta; la cuenta atrás corre en paralelo al ciclo de vida de sus propios productos.

El viernes, cuando el cierre de Wall Street dejó a HP en 19,15 dólares y a Intel en 43,02, un analista de Goldman Sachs resumió el momento en una nota que circuló por WhatsApp: “Estamos viendo la primera vuelta de una pelea en la que los puntos se miden en días, no en trimestres”. La frase es demoledora porque desnuda la tasa de obsolescencia: lo que antes duraba diez años ahora caduca en diez meses. Y cuando los agentes aprendan a fabricar más agentes, los meses se convertirán en semanas. HP e Intel aún pueden dar un último suspiro, pero el oxígeno ya no es suyo.