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Collins foods liquida 20 locales taco bell y aprieta el acelerador en kfc y alemania

Collins Foods pone punto y final a su aventura australiana con Taco Bell. La compañía ha firmado un acuerdo vinculante para traspasarle 20 de sus 27 restaurantes al propio Taco Bell y a Restaurant Brands Australia, la filial local de Yum! Brands, matriz del concepto. El precio: simbólico. El objetivo: deshacerse de una cadena que nunca despegó y concentrar fuego en KFC y en el mercado alemán.

Una operación con precio mínimo y muchas condiciones

El traspaso incluye el inventario, la caja y los alquileres asumidos por los compradores; Collins Foods, a cambio, se desprende de la nómina y de los arrendamientos que lastran sus cuentas. Además, la firma cobrará un ajuste por las pérdidas operativas y las inversiones que deba acometer en los locales desde abril de 2026 hasta el cierre definitivo, previsto entre junio y agosto de 2026 siempre que la ACCC, los propietarios de los locales y la plantilla den el visto bueno.

Quien no tendrá segunda oportunidad son los siete restaurantes restantes: serán clausurados en los próximos meses mientras Collins negocia con posibles inquilinos para subarrendar los espacios. El mensaje es claro: la prioridad ya no es crecer, sino salir cuanto antes.

La lección de un fracaso anunciado

La lección de un fracaso anunciado

Desembarcaron en 2018 con la promesa de replicar el éxito estadounidense. Seis años después, los números no cuadran y la competencia —Guzman y Gomez, Mad Mex— se ha comido la tostada. El error no fue el concepto, sino la velocidad: abrieron deprisa, masificaron sin construir marca y se encontraron con australianos que preferían su kebab local o su KFC de toda la vida.

Xavier Simonet, consejero delegado de Collins Foods, lo resume sin demasiados miramientos: «Permitirá a Collins Foods centrarse en nuestro negocio principal de KFC en Australia y Europa, incluyendo el desarrollo rentable en Alemania». Traducción: olvídense de burritos, ahora toca exprimir el pollo frito y el mercado germano, donde la compañía ya opera 61 restaurantes y planea duplicar la cifra antes de 2028.

La jugada, vista desde la distancia, es un clásico de gestión de cartera: cortar pérdidas, liberar caja y redirigir capital donde el margen brutos sí sonró. Los inversores parecen comprar el guion: el título repuntó un 4,2 % en la apertura de Sídney tras conocerse el anuncio. Wall Street ya avisó: cuando la rentabilidad se demora, mejor vender que mantener la ilusión. Collins ha aprendido la lección y ahora corre a aplicarla en Europa antes de que el rival Popeyes le pise los talones.