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Cvc lanza 10.900 millones para engullir a recordati y dominar el nicho de enfermedades raras

Recordati acaba de recibir en su sede de Milán la carta que muchos accionistas temen: CVC Capital ya tiene el dinero y la paciencia para hacerse con el 100 % del laboratorio italiano. La propuesta es sencilla y contundente: 52 euros por acción por el 48,2 % que aún cotiza en bolsa. La factura asciende a 10.900 millones; la consecuencia, la salida del mercado de uno de los pocos fabricantes europeos que ha logrado doblar la apuesta por los fármacos huérfanos.

Cvc repite operación, ahora con precio de oro

El fondo ya bailó este vals en 2018, cuando pagó 3.030 millones por el 51,8 % del capital. Seis años después repite la jugada, pero a un precio 3,6 veces mayor. La clave está en los números que Recordati ha entregado desde entonces: ingresos netos de 2.600 millones en 2025, un 11,8 % más que el ejercicio anterior, y un alza del 29,7 % en la división de enfermedades raras, el verdadero filón que CVC quiere asegurarse antes de que los genéricos empiecen a rondar su estrella, Isturisa.

Isturisa (osilodrostat) es el único tratamiento oral para el síndrome de Cushing que ha demostrado controlar el cortisol sin cirugía. GlobalData calcula que facturará 967 millones en 2031; CVC ha hecho los deberes y sabe que, con la patente vigente hasta 2037, el fármaco será una máquina de generar cash. La operación, además, le permite hacerse con Enjaymo, el anticuerpo para la enfermedad por aglutininas frías que Recordati compró a Sanofi en 2024 por 825 millones, y con la promesa de mRNA-3927, el candidato de Moderna contra la acidemia propiónica que ya está en fase I/II.

La rueda de compras se acelera antes de que expiren patentes

La rueda de compras se acelera antes de que expiren patentes

El timing no es casual. Esta semana ha sido un festival de talonarios desplegados: Novartis ha desembolsado 3.000 millones por Excellergy, MSD ha sacado 6.700 millones por Terns y Gilead ha cerrado la compra de Ouro Medicines por 2.200 millones. Todos buscan cubrirse las espaldas antes de que caiga el primer dominó de patentes que dejan de valer oro en 2026. Recordati, con su cartera de nichos huérfanos, es un refugio que además lleva cien años repartiendo dividendos en Lombardía.

El consejo de administración aún no ha convocado el consejo que valore la oferta, pero los gestores de CVC ya conocen la respuesta antes de que la pregunta se formule: desde que se filtró la propuesta, el título ha saltado un 18 % en la Bolsa de Milán y se negocia por encima del 50 euros. Los inversores han votado con la cartera: quieren el mismo botín que el fondo. Lo que nadie aclara es si el Ministerio de Economía italiano pondrá trabas cuando la operación requiera el visto bueno de la autoridad de competencia. Roma ya ha demostrado que protege sus joyas farmacéuticas; Recordati, con 4.000 empleos en suelo nacional, no es una más.

El siglo de vida de Recordati puede terminar donde empezó: en manos de un accionista único que no necesita presentarse a la agencia del medicamento para saber que tiene entre sus dedos un activo que generará flujo de caja mientras los laboratorios tradicionales se peleen por comprar pipelines vacíos. La factura de 10.900 millones es solo el anticipo; el verdadero precio será el que paguen los pacientes cuando el control absoluto de CVC decida cuánto vale un fármaco huérfano sin competencia.