Eichbaum se salva: inversor anónimo rescata la cervecera alemana tras su caída
Eichbaum respira. La cervecera de Mannheim, que en octubre se hundió en la bancarrota por la caída de la hostelería y la guerra de precios de la distribución, ha encontrado un comprador que le da oxígeno por tiempo indefinido. El plan de continuidad que ayer aprobaron los acreedores blinda la marca, la fábrica y algo que no estaba en el contrato: la supervivencia de 100 empleos, apenas un tercio de la plantilla que trabajaba hasta hace semanas.
Un rescate que huele a lúpulo y a recortes
El acuerdo, presentado como un asset deal, traspasa la totalidad de activos productivos –marca, sede, tanques, líneas de embotellado– a un inversor cuyo nombre la empresa sigue guardando como el mejor de los secretos. Lo que sí trascendió es que Park & Bellheimer, rival regional con sede en Pirmasens, figura entre los fondos que han puesto el dinero, según el diario Die Rheinpfalz. Südwestrundfunk habla de dos inversores, no de uno. La ambigüedad es calculada: en la cerveza alemana, salvar la fábrica sin desvelar el dueño evita que los competidores aprovechen la debilidad de la marca.
La operación cierra un proceso de autoconcurso que empezó el pasado otoño, cuando Eichbaum reconoció que la combinación de energía más cara, materias primas al alza y el colapso de la hostelería durante la pandemia había agujereado su balance. Roland Berger, la consultora que gestionó el proceso, recibió ofertas de todo el país; la que triunfó garantiza continuidad, pero no el empleo. El sindicato NGG ya ha confirmado que 200 trabajadores se quedan fuera. La negociación ahora es cuánto costará despedirlos sin convertir Mannheim en un nuevo caso de desindustrialización.
Para los directivos, Uwe Aichele y Frank Reifel, el mensaje es claro: «Nos toca modernizar una empresa con 340 años de historia para que vuelva a ser rentable». La hoja de ruta incluye reconversión de procesos, reconcentración de la producción y un ajuste de plantilla que ya se anunció «hace semanas», según el comunicado. En la práctica: menos cerveza artesanal de nicho, más volumen para supermercados y exportación.

El precio de la supervivencia: 200 despidos y una marca en venta
El sindicato no se ha callado. Stephanie Albicker, secretaria regional de NGG en Mannheim-Heidelberg, advirtió que «detrás de cada despido hay un destino familiar». La negociación colectiva exige que los recortes se hagan con despidos incentivados y reubicaciones internas, pero el margen es estrecho: el comprador no asume pasivos laborales previos, solo activos productivos. Traducción: los costes sociales los paga la antigua Eichbaum, no la nueva.
Lo que nadie cuenta es que la cervecera, fundada en 1679, llegó a producir 1,2 millones de hectolitros anuales y facturar más de 100 millones de euros. Hoy, tras perder la mitad del volumen en cinco años, su valor de mercado es una incógnita. El precio del asset deal no se ha filtrado; lo que sí se sabe es que el inversor se queda con una deuda cero y una marca todavía reconocible en Baden-Württemberg. Si logra devolverle dos puntos de cuota, la operación habrá salido barata.
El cierre de la fábrica hubiese dejado a Mannheim sin su último gran productor de cerveza. Con el rescate, la ciudad conserva el olor a malta por el río Neckar, pero a cambio de un recorte en carne viva. El lúpulo volverá a fermentar en los tanques de cobre; los despedidos, en cambio, tendrán que buscar otro tipo de amargor.