negocios

El azúcar se dispara mientras brasil frena sus exportaciones

El azúcar vive un rally sin pausa. En la jornada de hoy, el contrato mayo en Nueva York cerró con un alza del 0,77 %, mientras que el referente de Londres sumó otro 0,33 %. La razón no está en ningún informe ni en un dato de producción: está en la fortaleza del real brasileño, que alcanzó su nivel más alto en una semana y media frente al dólar. Y cuando el real se fortalece, los molinos brasileños —primer exportador mundial— cierran la llave de ventas al exterior.

La clave está en el real

Brasil produce casi el 45 % del azúcar que circula por los mercados internacionales. Pero ese azúcar se vende en dólares y se pagan sus costes en reales. Cuando la moneda local se aprecia, cada tonelada exportada deja menos reales en las arcas de los productores. El resultado: oferta escasa y precios que escalan. La especulación ha hecho el resto, con una ola de coberturas de cortos que ha empujado al contrato neoyorquino a su nivel más alto desde octubre.

El petróleo ha sido el aliado invisible. Un barril de WTI tocando máximos de tres semanas encarece el etanol, y cuando el etanol paga mejor que el azúcar, las plantas brasileñas desvían la caña hacia el biocombustible. Eso ya ocurrió en 2022 y puede repetirse si el crudo sigue firme. De momento, la Unica —la patronal de los biocombustibles— confirma que los molinos destinaron el 50,61 % de la caña al azúcar, apenas dos puntos por encima del año pasado, pero suficiente para que el mercado se ponga nervioso.

India se apunta al festín exportador

India se apunta al festín exportador

Mientras Brasil frena, India abre el grifo. La asociación ISMA acaba de revisar al alza la cosecha 2025/26 hasta los 29,3 millones de toneladas, un 12 % más que la temporada anterior. Nueva Delhi ya autorizó en febrero otra media tonelada de exportaciones adicional, y el rumor en Bombay es que podría venir más. El gigante asiático necesita dólares y el azúcar es un recurso que no escasea en sus almacenes.

La paradoja: aunque las previsiones apuntan a un superávit global de entre 2 y 3 millones de toneladas para la próxima campaña, los precios no ceden. El cierre del estrecho de Ormuz —donde transita el 6 % del azúcar refinado mundial— mantiene un caladero de incertidumbre, y los fondos prefieren pagar prima por un activo que sube antes que quedarse fuera.

En el parqué de Chicago, los operadores ya hablan de un rango de 20 a 22 centavos de dólar por libra para los próximos meses. La última vez que el azúcar cotizó por encima de ese umbral fue en 2017, cuando El Niño secó los campos tailandeses. Ahora el enemigo no es el clima: es la guerra de divisas y la geopolítica. El mercado ha aprendido que, cuando el real se dispara, el azúcar no se queda atrás.