El escándalo en supermicro: ¿el fin de una era para nvidia?

La aparente inquebrantable alianza entre Nvidia y Supermicro, pilar fundamental de la explosión actual de la inteligencia artificial, se tambalea tras un arresto por contrabando que ha sacudido Silicon Valley. Lo que parecía una colaboración basada en la camaradería –recordando a Huang y Liang bromeando en taiwanés sobre sus servidores– se ha convertido en una investigación federal que podría tener consecuencias devastadoras para Supermicro y poner en riesgo la cadena de suministro de Nvidia.

Un ceo bajo sospecha y $2.500 millones en juego

Yih-Shyan “Wally” Liaw, cofundador de Supermicro, enfrenta cargos por presuntamente contrabandear 2.500 millones de dólares en servidores potenciados por Nvidia a China. La acusación, de ser probada, no solo pone en entredicho la integridad de Liaw, sino que también arroja una sombra sobre la supervisión interna de Supermicro y, por extensión, sobre la diligencia debida de Nvidia.

Liang, el CEO de Supermicro desde hace tres décadas, ha intentado distanciarse de los hechos, calificando la situación como una “elaborada estafa” en la que su empresa fue víctima. Pero la dependencia de Supermicro de Nvidia es tan profunda que su destino ahora pende de un hilo: el 71% de sus ingresos provienen de productos basados en las GPU de Nvidia. La ausencia de un contrato de suministro a largo plazo con Nvidia añade una capa más de incertidumbre.

Analistas de Bernstein han calificado la situación como “serias cuestiones de credibilidad” para Supermicro, advirtiendo que la pérdida del acceso a las GPU de Nvidia podría tener un “impacto devastador” en su negocio. Susquehanna, por su parte, ha ido más allá, exigiendo la destitución de Liang y la renovación completa de la junta directiva, un movimiento drástico que refleja la gravedad de la crisis.

Una relación forjada desde el origen

Una relación forjada desde el origen

El vínculo entre Nvidia y Supermicro se remonta a 1993, cuando ambas empresas nacieron en Silicon Valley. Desde entonces, han evolucionado en una simbiosis perfecta: Nvidia diseña los chips, y Supermicro construye los servidores que los albergan. La relación se consolidó tras la salida a bolsa de Supermicro en 2007, cuando Nvidia eligió a la empresa como su primer socio estratégico para el lanzamiento de sus primeras GPU para centros de datos.

La creciente demanda de IA, impulsada por el auge de ChatGPT, catapultó a Supermicro a nuevas alturas. Sus ventas se triplicaron entre 2023 y 2025, alcanzando los 22.000 millones de dólares y propulsando su cotización bursátil por encima de los 1.000 dólares por acción. La empresa se unió al S&P 500 y debutó en el Fortune 500, consolidándose como un gigante en el sector. Pero la sombra del escándalo amenaza con borrar todo ese progreso.

Un detalle inquietante: la familia Liang, en el corazón del negocio. Además de Charles Liang como CEO, dos de sus hermanos ocupan puestos clave en Ablecom y Compuware, empresas proveedoras de Supermicro. La interconexión familiar, con Supermicro representando la mayoría de los ingresos de estas empresas, genera interrogantes sobre la independencia y la transparencia en la gestión de Supermicro, una cuestión que los reguladores seguramente investigarán a fondo.

Mientras que Nvidia se mantiene hermética, limitándose a reiterar su compromiso con el cumplimiento normativo, la incertidumbre persiste. La pregunta que se hacen los inversores es si la relación, construida a lo largo de tres décadas, es lo suficientemente sólida para superar este terremoto o si Supermicro deberá buscar nuevos aliados en un mercado cada vez más competitivo. El futuro de la IA en la nube podría depender de ello.