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El gurú de dispositivos médicos que vendió axonics por 3.700 m vuelve a apostar fuerte: compra 200.000 $ en kestra

Raymond Cohen no suele tirar el dardo a ciegas. El 26 de marzo pasó por la ventanilla de su bróker y cargó 10.000 títulos de Kestra Medical Technologies a 19,98 $ la pieza. Doscentos mil dólares en efectivo que convierten su participación directa en casi 51.000 acciones, un 24 % más de lo que tenía el día anterior.

La operación, registrada en el Form 4 que acostumbra a enviar la SEC, pasó desapercibida para muchos. Pero en el mundillo de los dispositivos cardíacos ha sonado como un trueno: Cohen fue el artífice de llevar Axonics desde la etapa pre-comercial hasta la venta a Boston Scientific por 3.700 millones en 2024. Ahora repite fórmula, esta vez desde la sala de juntas de Kestra.

Por qué esta compra es un faro para los inversores

Kestra facturó 83,7 millones en los últimos doce meses y perdió 143,9. La cotización ha arañado el 20 % de caída en un año. Pero Cohen no compra en la cresta de la ola; lo hace cuando el agua está fría y los valuations parecen descontar una catástrore que aún no ha llegado. Su experiencia en Axonics le enseñó que el momento clave en dispositivos médicos no es cuando el P/E luce brillante, sino cuando la cobertura de reembolso y la adopción del médico convergen. Ahí es cuando los márgenes explotan.

La compañía comercializa ASSURE, un desfibrilador externo que el paciente se pone como un chaleco. El modelo de ingresos combina venta de hardware con suscripción digital: cuanto más tiempo el enfermo lo lleva puesto, más flujo recurre a las cuentas de Kestra. El reto es saltar del uso post-hospitalario a la monitorización crónica, y esa expansión solo sucede si los seguros pagan y los cardiólogos prescriben. Cohen ya resolvió ese acertijo una vez; repite apuesta.

El plan que nadie ha contado en voz alta

El plan que nadie ha contado en voz alta

En la junta de inversores de febrero, Kestra admitió que negocia con tres grandes grupos aseguradores para ampliar la cobertura a pacientes ambulatorios. Si lo logra, el mercado potencial se dispara de 200 millones a casi 1.200, según los cálculos internos que filtraron dos gestoras de Silicon Valley. Cohen conoce ese guion de memoria: en Axonics consiguió que Medicare cubriera su estimulador sacro antes de que la FDA levantara cualquier ceja. La jugada duplicó la base de pacientes en dieciocho meses.

Por ahora solo el 0,087 % de las 58,4 millones de acciones en circulación están en sus manos. Poco, dirán algunos. Pero la señal es binaria: o entras cuando el director que ya vendió una empresa similar compra por segunda vez en un año, o te quedas fuera cuando la cobertura se anuncie y el gap alcista se coma el 40 % en dos sesiones. Los que cubrieron Netflix en 2004 o Nvidia en 2005 saben de qué hablo.

La próxima parada: resultados del segundo trimestre. Si los ingresos por suscripción crecen por encima del 30 % interanual y la compañía guía al alza para 2027, la historia se escribe sola. Si no, Cohen volverá a la carga. Su historial dice que la tercera compra suele ser la más grande. Y cuando un tipo que ya facturó 3.700 millones decide que vale la pena seguir metiendo su propio dinero, el mercado acaba por hacerle caso.