Eli lilly apuesta 2.000 millones a que la ia le invente el siguiente fármaco mil millonario
Mounjaro y Zepbound ya facturan 11.000 millones por trimestre, pero en Eli Lilly miran al siguiente filón: la inteligencia artificial que acorta años de laboratorio en semanas. La farmacéutica acaba de firmar un contrato de 2.000 millones con Insilico Medicine para que sus algoritmos diseñen de cero los principios activos que llenarán las líneas de producción de 2030.
De la aguja a la pastilla: el salto que nadie cuenta
La semana pasada la FDA aprobó Foundayo, la primera píldora GLP-1 para perder peso. La pastilla es la misma molécula, orforglipron, que Lilly había descartado en fase I hace diez años por baja eficacia. La diferencia: la IA re-diseñó su estructura y predijo la dosis óptima en silicio, ahorrando tres años de tanteos en animales. El resultado: un fármaco oral que puede barrer a las inyecciones si logra precio competitivo.
El convenio con Insilico no es un capricho. En 2023 Lilly ya licenció dos compuestos generados por la plataforma, ambos contra la fibrosis pulmonar. Ahora amplía la apuesta: la IA escaneará en paralelo 28 enfermedades raras y oncología, con derecho de compra exclusiva sobre los candidatos que pasen fase I. La farmacéutica se reserva el 30 % de descuento sobre royalties futuros; Insilico recibe 35 millones por objetivo alcanzado. La calculadora se dispara: si uno solo repite el éxito de Mounjaro, la inversión se multiplica por 50.

Nvidia pone la gpu y lilly la sangre de 30.000 pacientes
Paralelamente, la compañía construye con Nvidia un superordenador basado en la arquitectura Vera Rubin, dedicado a simular interacciones proteína-fármaco antes de pisar el laboratorio. El sistema entrenará modelos con los datos genómicos de 30.000 voluntarios de sus ensayos históricos, una cifra que ningún competidor puede igualar sin violar patentes. El objetivo: que cuando un candidato entre en humanos, la probabilidad de fracaso se reduzca al 35 % frente al 80 % histórico.
La bolia lo ha entendido: el título sube un 3,8 % en la sesión y deja el capitalización rozando los 902.000 millones. Los analistas de Goldman Sachs elevan el precio objetivo a 1.100 dólares, argumentando que cada mes que la IA adelante un fármaco añade 1.200 millones de valor presente. Lo que nadie enumera: el riesgo regulatorio. La FDA aún no ha validado ninguna molécula ideada enteramente por algoritmos; Lilly podría ser la primera en soportar la auditoría que marcará estándar de oro o descalabro colectivo.
El mensaje es claro: la próxima pastilla que se trague el mercado no nacerá en un tubo de ensayo, sino en un chip. Y Lilly acaba de pagar 2.000 millones para asegurarse la primera fila del estreno.