Fonterra cede ante greenpeace: la 'etiqueta verde' engañosa de la mantequilla
El gigante lácteo neozelandés Fonterra ha admitido haber confundido a los consumidores con una etiqueta engañosa en su mantequilla Anchor, cediendo ante una demanda de Greenpeace. La admisión, que ha sacudido al sector, pone de manifiesto la creciente presión sobre las empresas para que sean transparentes en sus prácticas y eviten el “greenwashing”.
El error que costó caro a fonterra
Greenpeace Aotearoa, la rama neozelandesa de la organización ecologista, acusó a Fonterra de afirmar que su mantequilla Anchor era “100% New Zealand grass-fed” (alimentada exclusivamente con pasto neozelandés) entre diciembre de 2023 y abril de 2025. La demanda alegaba que la etiqueta era ilegal, ya que las vacas que producían la mantequilla también recibían alimento complementario, incluyendo el controvertido aceite de palmiste, proveniente de la deforestación de bosques tropicales del sudeste asiático. La cifra habla por sí sola: una admisión de culpabilidad por parte de la mayor empresa de Nueva Zelanda es un golpe directo a la práctica del “greenwashing” corporativo.
Sinéad Deighton-O’Flynn, portavoz de Greenpeace, no se anduvo con rodeos: “Las empresas no pueden engañar a los clientes para vender sus productos. El aceite de palmiste es un alimento seco y arenoso que proviene de la destrucción de paraísos forestales del sudeste asiático. No es pasto, y pretender que lo es es engañoso y fraudulento”. La ironía es palpable: una empresa que se vende como defensora de la pureza rural, recurre a ingredientes que contribuyen a la destrucción de ecosistemas lejanos.
Fonterra, por su parte, reconoció que el etiquetado “probablemente indujo a error a algunos consumidores de Nueva Zelanda, particularmente a aquellos que desconocen la naturaleza de los alimentos que se proporcionan a las vacas lecheras”. La empresa, que ha retirado la etiqueta de sus envases de mantequilla Anchor, vio cómo sus acciones sufrían una leve caída del 0,3% en la bolsa, reflejo del impacto en la confianza de los inversores y el daño a su imagen.

¿Un punto de inflexión en la transparencia alimentaria?
Este caso no es solo una victoria para Greenpeace, sino también una advertencia para otras empresas del sector alimentario. Cada vez más consumidores exigen transparencia y autenticidad en los productos que consumen, y están dispuestos a castigar a las empresas que intentan engañarlos. La batalla por la credibilidad en el mercado alimentario está lejos de terminar, y este episodio de Fonterra podría ser el inicio de una nueva era de escrutinio y responsabilidad.
La decisión de Fonterra, aunque tardía, demuestra que la presión pública y la litigación pueden obligar a las grandes empresas a rendir cuentas por sus prácticas. Lo que nadie cuenta es que este caso sienta un precedente importante: las promesas de sostenibilidad deben estar respaldadas por hechos, no por meras estrategias de marketing. Para las empresas, la lección es clara: la transparencia paga, el engaño, al final, siempre sale caro.