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Globalfoundries desata la guerra de los semiconductores contra tower

GlobalFoundries ha puesto el contador a cero. El fabricante neoyorquino de chips ha demandado a su rival israelí Tower Semiconductor por el uso ilegal de 11 patentes que, según sus cálculos, le han costado millones en ventas perdidas. La acción, presentada simultáneamente ante la Comisión de Comercio Internacional y un tribunal de Texas, busca bloquear la importación y venta de cualquier producto de Tower que contenga esas tecnologías.

La lista de secretos robados suena a catálogo de espionaje industrial: dispositivos de alto voltaje, aleaciones de metal semiconductor, fotónica de silicio y circuitos de radiofrecuencia que acaban en coches, aviones y teléfonos. Tower opera dos plantas en suelo estadounidense —Newport Beach y San Antonio— y allí, según GlobalFoundries, se reproducen procesos que costaron miles de millones de dólares en I+D.

Tower responde: «inventamos nosotros también»

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Orit Shahar, portavoz de Tower, rechaza la acusación con una frialdad calculada: «Tenemos 500 patentes, dos centros de I+D y clientes que nos respaldan». La empresa cerró 2024 con 440 millones de ingresos y 80 millones de beneficio neto, creciendo un 14 %. Pero lo que nadie cuenta es que Tower lleva años en el radar de los reguladores: Intel canceló su compra en 2023 por retrasos burocráticos y el ambicioso joint venture de 10.000 millones con Adani se congeló por falta de financiación.

GlobalFoundries, por su parte, acumula más de 8.000 patentes y acaba de anunciar un récord de 1.830 millones de facturación en el último trimestre, impulsado por la fiebre de la inteligencia artificial. La cifra habla por sí sola: el negocio de los chips es una guerra de desgaste y cada litigio puede decidir quién se queda con los contratos del Pentágono o con los pedidos de Tesla y Apple.

El juicio arranca en meses. Si la ITC accede al bloqueo, Tower podría ver congeladas sus líneas de producción en Texas y California mientras sus clientes miran a la competencia. Lo que está en juego no es solo dinero: es el mapa de poder de la electrónica global. Y en este tablero, las reglas se escriben con abogados, no con lágrimas.