Gsk despunta en el frenesí por la pérdida de peso y jim cramer ya lo cantó
GSK no llegó tarde a la fiesta de las moléculas GLP-1: llegó con la música puesta y una adquisición que le permite bailar fuera del aro de Novo Nordisk y Eli Lilly. Su apuesta por el candidato HS235, heredado de la biotech 35Pharma, promete quemar grasa sin devorar músculo. Un detalle que, para los fondos de pensiones, ya es oro puro.
La cuenta atrás de los 38 % en doce meses
Desde que la CEO Emma Walmsley confirmó la operación, el ADR de GSK en Nueva York ha trepado un 38 % y duplicó el avance en la sesión posterior al 4 de febrero de 2026, cuando la compañía desveló que en el cuarto trimestre ingresó 8.600 millones de libras y ganó 25,5 peniques por título. Los analistas pedían menos. La acción saltó un 7,3 % en un solo día, algo que en la Big Pharma solo ocurre cuando el mercado huele un nuevo blockbuster.
El mensaje de Jim Cramer en marzo de 2025 sonó a obviedad para quienes ya habían hecho los deberes: «GSK rinde un 4 % y cotiza a un PER ridículo. Cómprenla y olvídense del ticker». El grito del presentador de CNBC se convirtió en eco bursátil: desde entonces, el valor añade otros 18 puntos porcentuales y deja en evidencia a los que apostaron por la pasiva.

El truco no está en el glp-1, está en el margen
Mientras la industria se obsesiona con quién fabrica más dosis de semaglutide, GSK perfila un nicho de lujo: pacientes que quieren perder grasa sin perder masa magra. HS235 actúa sobre receptores periféricos, no centrales, lo que reduce náuseas y mantiene la motivación para ir al gimnasio. La diferencia parece menor, pero en la práctica clínica se traduce en adherencia. Y la adherencia, en una receta renovable.
El mercado global de fármacos antiobesidad rozará los 100.000 millones de dólares en 2030. Si GSK logra un 10 % de ese pastel, la línea de vacunas y VIH —hoy el colchón de la casa— pasaría a ser segunda guitarra. El consejo ya guió el crecimiento de la división farmacéutica hasta el 7 % para 2025, dos puntos más de lo previsto. La consigna es clara: volumen en el core, margen en la especialidad.
Los fondos de cobertura que se colaron en la travesía —Perceptive Advisors, Baker Bros— no esperan un milagro de ventas en 2026. Esperan que, cuando FDA y EMA den el visto bueno a HS235, el múltiplo de GSK converja con el de Eli Lilly y la revalorización sea vertical. Mientras tanto, cobran el dividendo y se aseguran la entrada.
La moraleja no es que Cramer tenga la bola de cristal. Es que, en plena guerra de precios de las inyecciones mensuales, la victoria puede ser para quien ofrezca un tratamiento que no obligue al paciente a elegir entre delgado y fuerte. GSK lo entendió antes que el resto. Y el mercado, como siempre, castiga a los rezagados.
